11 de mayo de 2015

Luis Vilchez - Poesía periodística (Parte 2) - Marcelo Mangiante y Tilo Wenner, La Memoria y El Viento

"...Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial.

Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.

Mínimamente soy mío,
ay, pedacito mortal..."

Fragmento del poema “Tonada del albedrío”, Silvio Rodríguez

Con mucha vocación y alegría tratamos de aprender paso a paso, mientras convidamos memorias de escritoras y escritores que han sido “referentes” para quienes hacemos Vientos desde hace 15 años. En este caso compartimos un articulo que el poeta Marcelo Mangiante escribió sobre la vida, obra y militancia social de otro poeta: Tilo Wenner (ambos de la ciudad de Entre Ríos, Argentina) para que publicáramos en el número 78 de la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) “El Viento”, publicación independiente de Juana Koslay, San Luis, Argentina.



Convidamos el trabajo de Marcelo, su poesía y la de Tilo Wenner.


poeta y periodista, desaparecido por la dictadura

tilo wenner. crónica y recuerdo de un libertario

Mi propuesta no es una politización de la disciplina. Somos en la política. Estoy proponiendo un intento de despolitización con el fin de alejarnos de una política de la hostilidad, el temor y las soluciones a medias.

Gayatri Chakravorty Spivak

El 20 de noviembre de 2014 cerca de las 11 de la mañana llego a la Biblioteca Provincial de Entre Ríos. Me esperan el director −un viejo amigo y colega, que me ha invitado− y un anciano que hará las veces de chofer: ex detenido por la dictadura cívico-militar 1976-1983, pasó ocho años preso y torturado; con él charlo por primera vez. Enseguida partimos hacia la Escuela Lomas del Mirador, situada en el muy pobre barrio paranaense del mismo nombre. Llegamos cerca del mediodía y veo unos chicos de secundaria pintando un mural, todos con remera del Movimiento Evita. El ex preso político me empieza a mirar cada vez desde más lejos: en el auto no me lo marcó, pero ahora noto que me toma por un infiltrado. Con mi amigo nos acercamos a un pequeño grupo, separado del de los pintores, y lo saludan con cariño y le convidan mate; yo que voy un poco a la zaga recibo sobrios saludos militantes, “buen día compañero”. Como no devuelvo la contraseña −sólo respondo “buen día”−, genero desconfianza y la ronda de mate nunca llega hasta mi. Inevitablemente, se evoca a “los gorilas”.

Mi amigo me había dicho que sería un acto sencillo, un homenaje, nada partidista, pero hay bastante gente teniendo en cuenta que las clases terminaron una semana antes. Y por el mismo motivo, uniformados o no, todos son militantes de la corriente kirchnerista mencionada. De a poco empiezan a caer autoridades municipales y provinciales, de educación, de derechos humanos y de ambas cosas a la vez. De pronto, sólo faltan la intendente y el gobernador. Los demás están todos. El gobernador anda en Buenos Aires “con Cristina”, así que no va a aparecer, pero la intendente “está viniendo”. Estoy rodeado. Un poco nervioso. Hay que ir al salón de actos para empezar. De reojo, miro las salidas.

Llega el móvil del canal que se ve en toda la provincia y muchos jóvenes con grabadores de periodistas. Admiro la capacidad que tienen de caer siempre un minuto antes de que todo empiece, no como yo que estoy hace una hora dale mirar el techo, dale mirar el piso, haciendo como que charlo. El rector de la escuela, como anfitrión, propone un orden de oradores; somos más de diez, tal vez quince. Si abandonan sus despachos para arriesgarse a venir a este barrio donde la noche anterior los narcos mataron un gurí y las balas silban todo el día no va a ser para sonreír en la foto nomás. Soy el anteúltimo. El cierre lo va a hacer mi amigo, que siendo director de una biblioteca es la única autoridad literaria presente, leyendo un poema de Tilo Wenner (que bajó del puñadito de poesías disponibles en internet).

LOS DUEÑOS DEL OLVIDO, VESTIDOS DE MEMORIA

Habla primero el rector, que da la bienvenida, felicita a los muralistas, menta lo significativo de la jornada, que es un día para la memoria y cosas así. Toman el micrófono tres o cuatro cargos y balbucean palabras de circunstancia: que no lo conocimos a Tilo Wenner porque no militó en Entre Ríos sino en la provincia de Buenos Aires, en Escobar, pero que lo admiramos como a los 30.000 desaparecidos por sus ideales, su lucha contra la dictadura; alguien menciona que dirigió un periódico pero no recuerda el nombre ni tampoco si era un diario o un semanario. Se menciona que escribió poesías. Después del rector, nadie ha podido hablar más de un minuto.

Llega la intendente. Todos la aplauden, incluido yo que sin embargo lo hago como en cámara lenta. Ella saluda a casi todos los que estamos al frente; soy uno de los que saltea. Ante Blanca Osuna, todos se apocan. Yo, recién en ese momento, sé que no me va a faltar coraje. El secretario de Derechos Humanos de la provincia es el único más o menos desenvuelto cuando agarra el micrófono: felicita a los militantes por el mural, habla más que los anteriores mas no agrega nada específico, sólo actualiza la empatía, el vínculo, la mística, “eso que nosotros los peronistas tenemos, lo que nos une, lo que sabemos que ellos no saben”. Flor de langa el flaco.

El ex detenido y torturado por montonero que me llevara hasta la escuela se dirige al público en nombre de la asociación de ex detenidos y familiares de víctimas de la represión, evoca el suplicio de los centros clandestinos de detención de Camps y Videla y dice que, sin haberlo conocido, siente a Tilo Wenner como un hermano. Es sincero y emotivo como nadie lo ha sido hasta el momento. Es el turno de Osuna, que no en vano alguna vez se recibió de docente: les habla a los alumnos como si fueran sus hijos, no les pide que estudien pero sí les sugiere que lean a Tilo Wenner porque tal vez (no es seguro) allí encuentren algo o a alguien con quien identificarse. Puntualiza que Wenner nació en General Galarza, cerca de Gualeguay. Se las rebusca para injertar al gobernador y a la presidente en su discurso, para agradecerles no se entiende bien qué y se llama a silencio. El rector recupera el micrófono para anunciar que el acto está llegando a su fin y que lo va a cerrar mi amigo leyendo una poesía del homenajeado. Hago un aspaviento para señalar que me ha salteado, pero no me mira; mi amigo le recuerda que aún falta mi palabra y me pasa el micrófono.

DEMASIADO CERCA, DESAPARECE 

Mi alocución, casi textual:

¿Cómo contar una historia de tantos años y peripecias en cinco minutos? Intentemos. En mayo de 2001 yo estaba buscando tema para mi tesis de la universidad y encuentro en una revista literaria de Buenos Aires, que se llamaba La Danza del Ratón, un par de poemas sueltos de un escritor que yo no había oído nombrar pero me llamó la atención porque, según decía la publicación, tenía cuatro características que yo, en cierto sentido, también las tenía: era escritor, era periodista, era entrerriano, era desaparecido. Lo de desaparecido, por supuesto, en un sentido figurado y con todo respeto. Pero ustedes me entienden que en 2001 los jóvenes pudieran verse a sí mismos como desaparecidos en este país. Lo demás no hay que explicarlo: yo escribía, hacía algo de periodismo y habitaba esta provincia. Entonces lo raro era que teniendo contacto con periodistas, con escritores, con gente de los organismos de derechos humanos, viviendo en esta provincia, siendo lector de libros, revistas y diarios en esta provincia… nunca nadie me hubiera hablado antes de Tilo Wenner, que nadie lo conociera, que yo mismo no hubiera sabido antes de él.

Me acordé al instante de Rodolfo Walsh, quien supo escribir que en 1956 en un bar de La Plata, compartiendo una cerveza, alguien le comentó: “hay un fusilado que vive” y él sintió que se habían robado un pedazo de historia, sintió que él era el que tenía que recuperarla, sintió que ese era un momento oscuro y luminoso a la vez, la punta de un ovillo que esperaba por él. Un año más tarde la publicación de Operación Masacre, de Walsh, cambió la historia de la novela y la historia del periodismo en la Argentina. La historia de Wenner era esa historia robada que a mí me tocaba reponer. Y me dediqué durante ocho años a recuperar todos los libros que publicó, que fueron trece: flor de desafío porque algunos los editó en los años 50, hace casi seis décadas, en tiradas artesanales que no pasaban de 150 ejemplares; sumado esto a que tener un libro de él pasó en los 70 a ser algo comprometedor y la gente quemaba o escondía los volúmenes. Muchos afirmaban que su obra ya estaba perdida, pero hoy por hoy está completa y digitalizada. Es una obra recobrada contra la dictadura. Y fui reconstruyendo, también, su vida en base a testimonios de familiares, vecinos, colegas. Presenté la tesis y me recibí en 2009. Pero pasaron muchas cosas antes.

REAPARECE QUE NO ES POCO

En 2003 publiqué una reseña de un libro de Tilo en El tren zonal. En 2004 la gestión de aquel momento de la municipalidad de Paraná convocó un concurso destinado a las escuelas secundarias de la ciudad de historias sobre desaparecidos por la dictadura de Paraná y de Entre Ríos. Había una nómina de desaparecidos. Wenner, claro está, no figuraba. Una profesora de educación cívica de esta escuela, Norma Mayorá, había leído mi nota en El tren zonal y le llamó la atención la ausencia de Wenner en el listado que daba la municipalidad. Me llamó por teléfono, me dijo que tenía dos excelentes alumnas de quinto y que querían presentar un trabajo sobre Tilo. Hace 12 años que doy clases y esa fue, hasta el día de hoy, la experiencia pedagógica más importante de mi vida. Guiar, junto a Norma, a las chicas en ese trabajo, fue increíble. Aparte del material específico sobre Wenner, que les apasionó, recuerdo que les presté el Nunca Más, que ustedes saben es un libro de consulta, un diccionario del horror, que no se lee de un tirón de principio a fin. Bueno, ellas lo leyeron de principio a fin. Hoy acá está una de ellas, Melisa, falta Cecilia; y falta Norma, la profe.

Las chicas de la escuela Lomas ganaron el concurso. Esta es una escuela humilde, periférica, y le ganó a las escuelas del centro que siempre tienen más recursos. Fue un orgullo para todos y un hito para esta escuela. Al punto que en noviembre de 2004, hace exactamente 10 años, me invitaron y estuvimos con Norma, Cecilia, Melisa y dos concejales de Paraná de aquel momento en este mismo salón descubriendo la placa que ponía el nombre de Tilo Wenner a la biblioteca de la escuela. No tuve ocasión de volver después de eso hasta el día de hoy. Y me han contado que hubo personas que quitaron la placa y la arrojaron no sé bien dónde. Pero la han encontrado y hoy vuelve a estar donde debe. Y si alguien la vuelve a quitar vamos a estar todos muy atentos para que rápidamente vuelva a su sitio.

Pero las repercusiones fueron más allá: en 2005 el nombre de Tilo Wenner fue agregado a uno de los dos monumentos que hay en plazas de Paraná que rinden tributo a nuestros mártires de la dictadura. Y desde 2006 ya hubo para las marchas del 24 de marzo una pancarta con la foto y el nombre de Tilo Wenner junto a las de los demás desaparecidos entrerrianos. O sea que esta escuela ha tenido y vuelve a tener un rol protagónico en el proceso de que paulatinamente el nombre de Tilo Wenner −y más adelante serán su historia y su obra− se vaya haciendo conocido en su tierra natal. No puedo terminar sin antes contar un poco quién fue este señor Tilo Wenner.

LA DESAPARICIÓN LITERARIA DE TILO WENNER

Tilo nació en 1931 en un paraje rural cerca de General Galarza, bien al sur de la provincia. Vivió pocos años, once o doce, en Entre Ríos y se mudó a principios de los 40 al sur de la provincia de Buenos Aires, a General Pirán, donde siendo un niño todavía, con 12 o 13 años de edad, se le dio vuelta un tractor. No murió de milagro, pero perdió un brazo, el izquierdo: se lo amputaron. Siendo aún un adolescente se fue a vivir a la capital, Buenos Aires, y luego viajó por Bolivia, Chile y Francia, a principio de los años 50. Entre el 52 y el 55 está afuera. En el 52, en Bolivia, es testigo de un proceso tremendamente politizado, de asambleas multitudinarias en todo el territorio, donde triunfa una revolución obrera y campesina que inicia una reforma agraria inédita. En el 55 está en Francia, y en Francia las vanguardias literarias y artísticas están a pleno en los cafés de París, la capital cultural del mundo. Esas experiencias sin duda lo marcan a Tilo y ya de vuelta en la Argentina, en el 57, publica sus dos primeros libros de poesía. En el 58 vuelve a publicar y funda un movimiento artístico de vanguardia que no fue como los anteriores en este país −una copia o adaptación de lo que se hacía en Francia−, sino a la inversa: fue un intento de hacer algo distinto que después algunos copiaron en Francia. El movimiento literario que lideró Tilo tenía una característica: se dedicaba a cuestionar a la literatura más tradicional pero también a los otros movimientos de vanguardia. No fue el único movimiento de vanguardia que hizo eso, pero los demás lo hacían siempre un poco en broma. Para Tilo y sus compinches era muy en serio. Y quiero llamar la atención sobre esto, porque lo que todos sabemos es que Tilo Wenner fue un desaparecido político en los 70. Pero lo que nadie dice y de lo que hay que darse cuenta es de que primero fue un desaparecido en la literatura y en la historia de la literatura y el arte argentinos a finales de los 50. Me explico: las críticas de Tilo Wenner a los escritores burgueses de su tiempo eran totalmente intransigentes. Y a los escritores y a los críticos literarios, que alguna vez se atrevieron a comentar o interpretar los libros de Tilo, también les dio para que tengan. En la mitad de un libro de poesía de Tilo podía aparecer su respuesta, lapidaria, a una reseña desacertada de un libro suyo anterior, escrachando con nombre y apellido al comentarista. Entonces Tilo puso en evidencia todas las hipocresías, las miserias, los pequeños negociados de los escritores de su época; a los que más se la tiraban de no hacer negocios con la literatura los acusó de ser los más negociantes de todos. Y se la cobraron. Le hicieron el vacío. Lo fueron desapareciendo de a poco de la historia de la literatura argentina. Señalo esto para que se perciba que el problema no empieza el 24 de marzo del 76 y no termina en el 83 cuando vuelve la democracia. Empieza antes y hoy continúa aunque sea distinto o menos grave. Hay una matriz cultural violenta en la Argentina que segrega a los diferentes y busca exterminarlos.

LA DESAPARICIÓN FÍSICA Y POLÍTICA DE TILO WENNER

En 1964 Tilo se radica en Escobar, consigue una imprenta y se dedica a dirigir un semanario, El Actual, que va a salir ininterrumpidamente por casi 12 años, hasta el 24 de marzo de 1976. A lo largo de esos doce años, una y otra vez, Tilo denunció todos los actos de corrupción, todas las persecuciones y aprietes del estado y de las grandes fábricas del conurbano bonaerense hacia sus propios obreros, incluso asesinatos. También a él y a la gente de El Actual les tocó ser blanco de intimidaciones y de crímenes. En el 76, antes del golpe, es presumiblemente la Triple A la que mata a un cronista y a un repartidor del periódico, que se va a quedar con un plantel diezmado, pero que sigue saliendo a la calle cada martes. En la madrugada del 24 de marzo, a la misma hora en que se produce el golpe en Buenos Aires, se produce un ataque a la redacción de El Actual, que era a su vez la parte de adelante de la casa de Wenner en Escobar. No está claro si era una advertencia o si ya lo iban a buscar. Él escapa saltando una medianera, pasa la noche en lo de un vecino, pero a la mañana vuelve y al mediodía sale una nueva edición de El Actual denunciando, nada menos, y en primera plana, el atentado sufrido horas antes. Esto les dio la pauta a los sicarios del nuevo régimen terrorista de qué tan seriamente Tilo se tomaba el periodismo y lo que Walsh llamó “la obligación de dar testimonio en momentos difíciles”. La misma seriedad y compromiso con la que quince y veinte años antes se tomó la poesía.

Y así como lo hicieron desaparecer de la literatura en la segunda mitad de los 50, lo hicieron desaparecer físicamente, del periodismo y de la vida, casi veinte años después, a 48 horas del atentado y del golpe, el 26 de marzo, a los 44 años, 1 mes y 23 días de edad. E insisto en que hay que ver la continuidad de una matriz violenta, intolerante con los diferentes, que atraviesa transversalmente nuestra historia y nuestra cultura. Porque, quien más quien menos, todos tenemos responsabilidades y deberíamos hacer el esfuerzo de empezar a ejercitar esa tolerancia que nos falta para vivir en una sociedad mejor.

MI LIBERTAD Y NINGUNA OTRA COSA 

Lo último que me parece esencial contar sobre Tilo Wenner: Tilo Wenner era un libertario, un anarquista. ¿Y esto qué quiere decir? Me lo explicó una vez una de sus hijas en una entrevista: “Mi papá no tenía la cabeza de un militante, que tiene una apertura de 45 grados. Él tenía una apertura de 180 grados. Era un intelectual”. Así lo describe la hija. A la casa de Tilo, a su vez redacción de El Actual, la llamaban en Escobar en aquél tiempo “la jabonería de Vieytes”, en alusión al lugar donde se reuniera la intelectualidad porteña que discutía cómo hacer la revolución de mayo de 1810. Era un lugar adonde iba gente de distintas orientaciones políticas, de todas las organizaciones comprometidas con la transformación social y discutían muchísimo pero siempre con respeto. Y Tilo era un poco el que moderaba esas reuniones, que hoy son casi inconcebibles. Aquella revista que mencioné, La Danza del Ratón, afirmaba que Wenner era comunista, pero no lo era, les pasaron mal el dato. Hay quienes han dicho que era radical y quienes han dicho que era peronista, pero no era ni de uno ni de otro; tenía simpatía y respeto por los peronistas, de hecho dio empleo a varios cuadros de Montoneros en el semanario, pero él no lo era. Me lo ha ratificado Blanca Buda, quien pasó dos años en un centro clandestino de detención y que me dijo: “yo sí era peronista, a muerte, me tiraba al río por Perón, pero Tilo tenía otras ideas”. Era anarquista y de eso se da cuenta cualquiera que lea su obra, tanto sus libros como sus editoriales periodísticos. Pero más importante: era un hombre insobornable, abierto, solidario; alguien a quien hay que conocer, a quien está bien honrar y que puede ser, para cualquiera de nosotros, si lo queremos, un ejemplo. Gracias.

Hasta ahí, mi intervención.

Hace años que el PJ de Entre Ríos intenta apropiarse de la figura de Tilo Wenner, sumarlo a su lista de mártires. El “malentendido” que tanto han alentado había quedado aclarado.

Mi amigo lee un poema, el más alegre que encontró, según me comenta. Tres o cuatro manos (una de ellas, una de las mías) tironeamos las cintitas, la tela cede, la placa “Biblioteca Tilo Wenner” queda al descubierto. Aplausos. Fin. Disgregación.

NUNCA PERTENECERÍA A UN CLUB QUE ADMITIERA COMO SOCIO A ALGUIEN COMO YO

Los militantes no saben si felicitarme o agarrarme a trompadas. Unos pocos optan por lo primero, el resto decide que tiene otras cosas que hacer. Estoy a salvo. Idéntica reacción de los señores funcionarios: estrecho dos o tres manos; a una señora que cumple funciones de editora en el Consejo General de Educación le digo que me busque por facebook, si le parece, y que nos juntemos a charlar cuando quiera, sin plazos, sobre una eventual publicación de la obra completa de Tilo Wenner, algo que estaría bueno que pudiera llegar a todas las escuelas de la provincia. Se lo digo no para que me llame realmente, sino para que sepa que yo sé que podría llamarme pero que no lo va a hacer. Es quien más sonríe. Quien menos sonríe y de hecho parece enojada es la intendente, que se retira muy pronto. No soy una de las personas de las cuales se despide. A ella le ha quedado más en claro que a nadie que fue como frutilla del postre a un acto de militancia partidaria y que ese acto se convirtió en otra cosa: una clase de la que fue alumna, una crítica solapada a la militancia, una vindicación del anarquismo frente al peronismo… todo cuando de la nada apareció un don nadie que copó el micrófono, desvió todo e hizo que su autoridad y cometido pasaran a segundo plano.
Nos vamos. Le comento al ex preso político que sus palabras me llegaron. Hablamos sobre aquellos años tan duros. Pregunto cosas que siempre quise saber y nunca tuve oportunidad de preguntar. Me responde generosamente. Me deja en la puerta de casa. Cuando ya he bajado me dice: “La nuestra, AFADER, es la única asociación de ex detenidos en el país que no hace distinciones partidarias. En otros lados están todos reunidos por organización y no hay forma de juntarlos. Pero nosotros no le pedimos carnet a nadie”. Entiendo la indirecta, el reproche. Le digo que quiero volver a charlar con él, que gracias, que chau, que cuidate. El hecho de que no lo viera como al resto −es decir: como un burócrata oportunista, como un mercader de los derechos humanos−, el hecho de que me inspirara respeto, impidió que acudiera a mi boca la respuesta que habría sido consistente con mi discurso de un rato antes en la escuela: “Espléndido que no le pidan carnet a nadie. Pero si la gente lleva un carnet, tampoco hay por qué quitárselo”. Entré a casa.

POESÍA DE TILO WENNER

OCTÓGONO FOSFORESCENTE

De los cabellos pezuñas endiabladas,
corazones
configurados por la ausencia de los sonidos
en la flor azul sobre el tejado rojo
Los moribundos
no alcanzaron la altura del disco rayado
De los peregrinos
sobre
las huellas bajo los tallos gigantes
en las axilas de la mujer santa.
De los desfiladeros del perdón
en las fronteras
batidas por el avance
de los filos
de la consumación entre el hombre y la mujer
De los triángulos
consagrados al campo de descenso
para tempestades continuadoras invencibles
en el oficio
de lámparas de hacer la noche.
El mar
nunca tuvo en cuenta la odiosa plegaria
del fabricante de ataúdes.
De los condenados
en la cárcel octogonal
confundidos en la designación llaves de plata;
de los confinados en las islas
aparecidas
cuando la luna concluía la danza
de los peces
cuando ya nadie tenía corazón
para adquirir regalos de los fáciles adoradores
de la temprana llamada
a los oídos
de la italiana recién construida
De las arañas cortesanas
en la lengua tierna
de la novia en las mejillas del prometido
en las carreteras con bellos
refugios
para las ruedas detenidas en hacer
por fin
un minucioso análisis de las manos intrépidas
En los timbres de la selva
cuando
despierta de espaldas a las costumbres
aceptadas para todos
Pero
los fijados mueren de la mordedura
del musgo
en las paredes de sus casas
De los enviados inquietantes
cuando
la paz lograda es una cinta comestible
con la fosforescencia verdosa
en la melena
del asesino furtivo.
de la carrera libre
por los ascensos en la continuación del mar
Cuando imagina
es una piedra
Amanecer de la maniobra inevadible estallido
del trueno agudo

CORRESPONDENCIA DEL FUEGO

Mientras yo te miro, tú muestras tu alma.
Tus detalles más pequeños me conmueven;
por ejemplo, un cabello sobre tu frente, un
lunar en tu vientre.
Todos los días te descubro y describo;
al día siguiente vuelves a ser la desconocida.
Nunca faltaré a tus citas.
Nada me parece inútil en ti.
Lo revelador es el modo como compones tu
imagen.
Decir que eres la dueña de las nubes, es
apenas indicar uno de tus atributos.
Todo lo que tocas se convierte en correspondencia
del fuego.
Tus manos lucen mejores que las estrellas
en una noche de verano en el mar.
Estás llena de señales; eres como un mapa
de un país imaginario.
Eres transparente y sabia.
Tu sangre es mansa y volcánica.
Eres tan cambiante como la permanencia.
Lo que reflejan tus ojos es lo distinto que
podría ocurrir.
Siempre estás abierta.
El magnetismo que irradias contamina a todos
los que se te acercan.
Escandalizas con tu inocencia al cielo y la
tierra.
Brillás más que una garza en un plenilunio
de otoño.
Eres como una lluvia imprevisible.
Amo cada uno de tus momentos.
Eres real, y sin embargo eres la ilusión
perfecta.
Eres niña como un gran pan de azúcar.
Cuando tú me miras callo y sonrío.

MALDICIÓN DEL MOLUSCO

Los muertos no dicen esta boca es mía
Sus dulces consecuencias no laten entre los pastos
No respiran
¡Reino incorregible!
Consume la vida no dice adiós
Todo resta entre nosotros
La gran voz de trueno cae con sus claves
¡Imposible cultivo del engaño!
Un avance sin ser.
La constancia consume su instancia
Tormento en la puerta atornillada
Sin brillo
Plata de pasar las manos
Cada noche la alegría suspira
Antes dormir a la caricia del sueño
Delicioso expirar del revólver
¿Quién llama a la llama?
El caracol: siempre el mismo atesorador
Del silencio.

POESÍA DE MARCELO MANGIANTE

MAÑANITA DE BAGDAD 2-0-0-3-2-0-0-3
“Se llama poesía todo aquello
que cierra la puerta a los imbéciles”
Aldo Pellegrini

Hoy le compré a Texaco
20.000 piernas de niño iraquí
mañana es el día mundial de la poesía

No preguntes por qué
una gota rebalsa 200.000 vasos
no preguntes por quién
se desintegran 200.000 campanas
dedícate a soñar esta noche
que nadie lo va a notar

Mañana llega la primavera a esos nortes
el invierno a tus hemisferios
mañana es el día mundial

En la tele hay un desfile
de modelos de primavera
hoy compré pedazos

Toda la noche voy a hablar spanglish
el idioma de los no deseados
delictivos, incesantes

e-mails en blanco
sin bandeja de entrada posible
como misiles de punta en blanco
dirigidos a nadie
sin blanco, de punta
como el grito de la moda
sin la moda del grito

Hoy soy profeta
mañana no sé
mañana es la noche mundial
ni Greenpeace va a proteger estos centauros

No preguntes por qué
se toman una dosis de PBI
subastan una sobredosis de PBN
no preguntes por qué soy piel roja
ni por qué te violan Bagdad

un dedo hace pedazos una mandarina
no preguntes por qué esa torres
no preguntes por qué esas
nunca hicieron bushhhh

A vos te quieren de paratexto
menos que eso
que no seas siquiera lunfa, margen, fracaso

que se callen los relatos
el uno y los mil
que tus noches, mudas
salgan a mendigar un dialecto
con el que sea imposible hablar
toda la noche voy a hablar

nunca el papa de escudo humano
mañana es el día mundial de la Texaco
hoy compré
pedazo
de imbécil.

NO VENTA VECES NO VENTA

hay que saludar a todo el mundo
hola, soy Prometeo
y prometo no tener nada que decir /

hola, soy Pilatos
y quiero recomendarles un nuevo jabón
verdaderamente revolucionario /

hola, soy Sade
y me cago en el Kama Sutra /

hola, soy la Reina de Inglaterra
y les presento mis toallitas íntimas
para que menstrúen azul /

hola, soy Umberto Eco
y la rosa no tiene nombre
pero tiene, eco, eco, eco /

hola, soy Van Gogh
y les pido que oigan a mi oreja
que no tiene oído /

hay que creer en toneladas de brillantina
ajustarse a los 90-60-90
y exclamar todo pasa y todo queda
pero lo nuestro lo nuestro es vender /

hay que comerse vértigo y dolor
hay que decir está todo conectado
y ser el dueño de la silla eléctrica.

HOGUERA DULCE... II

Mirá para arriba
así te transo la perita.

Ahora mirame a los ojos
así jugamos a las narices espadachinas.

Por último
mirá el suelo
así ves la mugre que hay
y limpias un poco, bicha.

Luis Vilchez - Poesía Periodística (Parte 1) - Dardo Sebastián Dorronzoro: El Poeta Herrero

Poema Dedicado a Dardo Dorronzoro

Tus ojos


No son solo dos pupilas diminutas

marrones ósculos testigos de mi desnudes

y de tus historias con ollas abundantes


no son solo un candoroso indicador de amares

que conduce a un mar profundo de besos baboseados


no somos solo dos: nosotros y los otros

acurrucados a una cama

acariciando tu mirada


tus ojos -corazón- son nuestros ojos

son los que lloran porque no hay trabajo

son nuestro pueblo desesperanzado

son los que brillan cuando marchan 

o los que agitan memoria protestando al olvido


tus ojos -aguerridos- 

los que abrazan la poesía 

y que escriben canciones de amor 

para mis ojos


tus ojos -los que no se prostituyen con desesperanza-

los que miran el futuro con amor

los que ríen con los ojos de alegres alienados

los que lloran con los ojos de los tristes cuerdos 

          

tus ojos -muchachita- son más que un órgano de la visión 

una vesícula -una cámara cerrada-

o esa transparencia que da acceso a la luz de las miradas


tus ojos -amorosos- 

dos sensibles retinas dispuestas a abrazar la luz

una forma de la imagen del amor

nosotros -con tus ojos- somos lágrimas 

llorando en un romántico café de enamorados 


tus ojos -los que ríen cuando lloran-

los que caen y se levantan

los que lloran cuando ríen o viceverso 


y yo en este desesperado oficio de poeta

juego a que tus ojos no me olvidarán jamás

pensando que siempre me miran amorosos


y en esta triste ciudad manipulada

por los crueles villanos del olvido

me voy acariciando la belleza

de una paloma que me ofrece libertad

y un girasol que alumbra esta poesía

donde descansa la desnudes 

de tu mirada otoñal

Texto extraído del libro "Poemas de amor para una olla vacía", Luis Vilchez, Ediciones "Madera y verso", año 2008 


Ya van 39 años del golpe militar en la República Argentina, un 24 de marzo de 1976. Les convidamos a Dardo Sebastián Dorronzoro. Pensamos que en su vida y en su obra, se reflejan las memorias de tantos poetas de nuestra historia que lucharon por un mundo mejor.



Dorronzoro nació en San Andrés de Giles en 1913, provincia de Buenos Aires, Argentina, en el seno de una numerosa familia socialista que termina instalándose en Luján a causa de las presiones por sus ideas políticas. De oficio herrero, trabajaba en su taller todas las mañanas y por la tarde se dedicaba a la poesía. Formador de jóvenes y amante de la vida. Inmenso enemigo del régimen era aquel hombre de 63 años que tenía la pava siempre lista, la puerta abierta y los versos ardientes. (Como el poeta Pablo Melto, a quien mencionamos en la primera columna de Poesía Periodística).

En el año 2010, formó parte del Libro “Las Hojas”.

Compilación de Testimonios, notas, poemas, cuentos, crónicas varias, de escritores de la década del 60 y 70 que publicaron en la Editorial Papeles de Buenos Aires, Ediciones La Pluma y La Palabra dirigida por el poeta Roberto Santoro y escritores que han publicado en la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento dirigida por la escritora Mónica Algarbe y quien suscribe. Año 2010. Décimo segundo libro de la Colección Libros de la Calle. Juana Koslay, San Luis, Argentina. Ver más haciendo clic acá.

A pesar de las amenazas, de las listas negras pegadas en la noche encubridora de la ciudad como oscura advertencia, de su primera desaparición, de la destrucción de parte de sus libros, Dardito eligió quedarse. No era ignorante del riesgo ni de la brutalidad de los enemigos, sabía que las palabras verdaderas, aquellas que se transforman en banderas de los oprimidos, son un peligro real para los hacedores de injusticias. Sus vecinos, la familia Monzón, aún recuerdan esa noche de marzo, cuando irrumpieron en el barrio: “La madrugada que se llevaron a Dardo por primera vez sentimos terror; por la ventana vimos a los tipos encapuchados, a Nelly (su compañera) la dejaron con la cara cubierta; nosotros entramos después de un rato largo y Nelly estaba sentada con la capucha en la mano llorando, las paredes y la vereda escritas. (...) Dardo apareció al tiempo, por el lado de Junín y nos contó que les hacían simulacros de fusilamiento y que les decían que se tenían que ir del país”. Los versos encontrados por su compañera en la máquina de escribir de Dardo, luego de su segunda desaparición forzada, constatan que preveía lo que se cernía sobre sus vidas: “Desde hace tiempo siento la amenaza/ de ese viento sobre/ la luz de mi lámpara, sobre esa luz que apenas/ me alcanza para no perderme/ entre las garras del mundo, entre los dientes/ de esa inmensa muchedumbre de los lobos en la sombra”.

Fue secuestrado el 25 de junio de 1976, pero había sido secuestrado anteriormente en su casa situada en el barrio La Loma de Luján. A principios de marzo de 1976 actuaba en la zona una brigada denominada Bruno Genta, conformada por personal del Regimiento 6 de Infantería del área 115 de Mercedes. La brigada había amenazado primero y secuestrado después a una decena de militantes lujanenses. Fue secuestrado el mismo mes que desaparecían Francisco Urondo y Miguel Ángel Bustos.

Dardo, n poeta comprometido con su pueblo, con la palabra. Referente para quienes nacemos la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento, en Juana Koslay, San Luis, Argentina (www.revistaculturalelviento.blogspot.com.ar). No fue un poeta de café, de té o círculos cerrados. Es un poeta de la lucha y el trabajo que dijo que “sobre su tumba verán florecer un puño”. Y así fue. Hoy varios seguimos su camino… al menos en intento.

“Hay hombres imprescindibles. Dardo fue uno de esos hombres imprescindibles. ¿Por qué? Porque con su herrería decoró algunos rincones de su ciudad. Porque con su poesía realzó las grietas de su pueblo. Porque su casa, de puertas abiertas, permitió la reunión, el debate y la formación de jóvenes que en los setenta iniciaron su militancia política. Porque Dardo fue un provocador de encuentros”.

Declaración Jurada

No es solamente la luna ni el rocío ni la luz celeste de los pájaros, puede también ser una alpargata vieja, toda agujereada, toda casi muerta después de andar fábricas, andamios o duros y calientes caminos de noviembre. No, no necesariamente todo lo poético debe ser bello.

Yo he visto horribles chicos grises como la tierra comiendo tierra, yo los he visto ahí, con sus andrajos y su mugre, reptando, y los he tocado, acariciando su piel y convertido en ángeles, en mariposas, en viento de septiembre. Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo para el alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre.

Pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos. Yo soy un poeta que ama a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en las manos y salen a morir por la vida.

En suma: yo he sido, soy y seré un poeta revolucionario.

Sobre mi tumba verán florecer un puño.

Mientras me Matan

Comenzaron a matarme de a uno hace muchos siglos,

después de a setenta, después de a quinientos,

hay que ver cómo me matan ahora de a miles en cada esquina,

en cada feriado,

cómo fabrican sueldos y galones con los huesos que me quedan,

cómo fabrican calabozos para poner algún rincón de mis pantalones,

y cómo se turnan entre gordo y gordo para

ver de qué ojo muero primero,

pero resulta

que cada vez soy más uno de los otros,

uno de los que nacen y renacen y vuelven a nacer entre los fuegos,

que cada vez tengo más luz, más pájaros, más flores en la puntería,

que cada vez

me soporto más elegantemente entre los fierros y los veranos,

y hay veces que me pregunto -me digo para mí- si ellos

no harían mejor en cambiar de uñas y de cuentas,

de andar de peldaño en peldaño hacia abajo de las luces,

o en comprarse una sangre nueva, una sangre más limpia

para usar en feriados y domingos.

Todas las Mañanas

No me cortarán el viento de los ojos,

yo te digo;

no me cambiarán de azul la torre de los pinos,

ni manejarán palomas con las nubes de mis dedos.

Yo soy todas las mañanas de los hombres, te digo,

todos los inviernos, todos los eneros,

yo soy una sangre perdida en la calle más antigua,

una espuma de llanto y una tos en los jergones;

yo soy para siempre en mi último camino.

El Hombre Libre

Estaban los dos hombres en un calabozo.

—¿Por qué estás preso? —preguntó uno.

—Porque soy libre —contestó el otro.

—¿Y qué es la libertad?

—La libertad no existe, como no existe el hombre. Sólo existe el hombre hambriento y el hombre libre.

—¿Y qué es ser un hombre libre?

—No decir y no hacer lo que los hombres libres quieren que uno diga y haga.

—¿Y si te obligan?

El hombre libre se rió.

—Precisamente —digo—, ahí está la fuerza del hombre libre. Nadie puede obligarlo a decir ni hacer lo que no quiere.

—Sin embargo —dijo el otro, ahora, por ejemplo, te obligan a no estar con la mujer que amas.

—¿Y quién te dijo —contestó el hombre libre— que no estoy con ella?

Fuente

- Llibro Las Hojas, Testimonios. Año 2010, Ediciones libros de la calle, Juana Koslay, San Luis, Argentina.

- Abanico, revista de letras de la Biblioteca Nacional, año 2005.

- Número 27 de la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento, año 2008.

- Carpeta número 28, Una Sangre para el día, de la Editorial Papeles de Buenos Aires, Colección La Pluma y la Palabra, dirigida por el poeta desparecido en la dictadura militar en 1977, Roberto “Toto” Santoro, año 1974.

- Revista Sudestada Nº66-Marzo de 2008.

- escomberoides.blogspot.com.ar

Por Luis Vilchez - Poesía periodística (parte primera) - Pablo Melto el poeta de "El Viento"

¿POESÍA PERIODÍSTICA?

Esta tarea de hablar de poetas y elegir un poema que nos llegue al alma, no la voy a poner en juicios puramente objetivos, ya que pretendiendo la neutralidad, pienso que uno la traiciona desnudando sus propias certezas.

Por qué (entonces) usted se preguntará esto de qué es la “poesía periodística”. Es imposible despegar al poeta del hombre común, con su inevitable inserción en la cambiante realidad de su país y el mundo. Esa realidad que seguramente luego se reflejará en lo que escribe. Esto lo he notado en estos años de dirigir las revistas antes mencionadas. Recibir obras maravillosas de autores puntanos y de otros cielos, que no les hacen “oído sordo” a la problemática social, política y cultural que estamos viviendo, fue todo un placer. Este compromiso se refleja en sus poesías.

Siempre me he preguntado: ¿qué hacemos con estos textos que están cruzados permanentemente por los discursos sociales, por consignas políticas, por el periodismo? Al leerlos ya no podemos decir: esto es un poema, porque no es un discurso político, ni noticia periodística, tampoco una narración. En realidad en estos poemas, lo límites entre los géneros se diluyen.

Tomar partido contra la rima forzada, el academicismo, el contenido hueco, el formalismo excesivo, etc.

Con nuestras publicaciones “Ediciones Libros de la Calle” (ya van 18 libros, enchapados en madera, adheridos a un cartón y con serigrafía, en unos casos) preferimos publicar a los poetas que no perdían el rumbo de la poesía, por cuidar lo exterior y que discuten al mundo sin “pelos en la lengua”
.

EL POETA, AMIGO, MAESTRO, HERMANO, REFERENTE

Melto es el gran orador popular, poeta, que tienen los puntanos. Nació en Yerba Buena (Tucumán) el 6 de marzo de 1942 y se radicó en San Luis en el año 1970. Hombre que estremece en recitales de poesía y que trata de fomentar la oralidad en la literatura. Se encontraba en el proyecto de hacer su primer libro, de forma independiente. Proyecto que pudo concretar en el mes de marzo de 2006, presentando "Palabra Peregrina", un conjunto de poemas que fueron concebidos primero como palabra oral y luego fijados en el papel. Es un intento de volver al rescate de la memoria: como tradición oral pero también como reflejo de acontecimientos que no deberían repetirse "nunca más". Tiene una unidad temática que parte de la existencia individual donde la palabra es generadora de vida y recorre el camino de la experiencia colectiva, donde el Verbo, haciéndose carne, denuncia las injusticias y muertes del hombre como humanidad, como pueblo y como raza en proceso de liberación. Es peregrina porque intenta un camino de búsqueda hacia la plenitud de este ser humano que en esta historia es siempre inacabado. Participó de una Antología de poetas inéditos, con el nombre de "La marcha", el año 2004. Docente y poeta amado y respetado por sus alumnos, admirado por otros docentes, y también discutido por otros. Es un poeta para escuchar. Es el poeta para ver y disfrutar. Es nuestro. Es de EL VIENTO.

En estos duros tiempos que están atravesando las y los decentes de San Luis y del país, vale la pena compartir este poema, que es una reflexión sobre la verdadera función social que debería cumplir un maestro.

En el principio era la palabra. Hubo un maestro que se llamó palabra y hay una vocación donde la palabra es generadora de vida.

Para todos los que hacen de la palabra una celebración para la búsqueda de la verdad y de la libertad, la palabra celebra la palabra.


POEMA XXVIII

Quiero cantar con ustedes en voz alta

un canto de vida y esperanza.

¡MAESTRO!

Alfarero nos llamaron en un tiempo

en que al niño confundían con un plasma,

que unos hombres moldeaban con sus manos

dándole forma que le daba gana.

Forma de mente semejante a sus mentes,

voluntad de hierro para un futuro duro,

repetidor de fórmulas eternas,

sabedor de todo cuanto existe...

Estatua bella y perfecta en sus perfiles,

aunque fría, sin vida y de alma triste.

Incapaz de pensar algo por sí mismo

su esbozo será siempre una figura

pero nunca creador de su estatura.

Cántaro de agua para recibir lo ajeno,

pero nunca vertiente que refresque con lo suyo.

Barro plasmado para esconder la vida

pero nunca simiente que engendre la hermosura,

sempiterno signo de una imagen muda,

de un cuerpo muerte, inmóvil, sin ternura...

Masa pendiente del capricho de unas manos

pero nunca gestor de libertad madura.

¡MAESTRO!

¿Por qué el mundo nos llamó alfarero?

No será porque siempre nos prefieren,

dando aquello que a veces no tenemos?

¿No es mejor que plasmar lo ajeno,

despertar lo propio, descubrir lo bello,

caminar juntos hacia lo verdadero?

¿Por qué nunca nos llamaron levadura?

¿No será por temor a que fermente,

hinche la harina reventando moldes

y haya muchos que entonces se alimenten?

¿Por qué nunca esta acción han comparado

con la vida y el sabor de una simiente?

¿No será por temor a que los campos

regados al calor del agua clara

hagan surgir gigantescos árboles

que no se quiebren si los sacude el viento;

que no se doblen si la tormenta acecha;

que claven su raíz en tierra fértil;

que erguidos surjan con su propia fuerza

sin quitarle la vida al que a su lado crece;

que extiendan sus ramas con su propia sombra;

que alimente su tronco con su propia savia;

que florezca solito en primavera;

que de frutos sabrosos en verano;

que asuma la tristeza del otoño

y la dureza del invierno, aunque se muera...

¡MAESTRO!

¿Por qué el mundo nos llamó alfarero?

¿No será porque siempre nos prefieren

dando aquello que a veces no creemos?

¿No es mejor que plasmar figuras,

compartir la fe, la vida y la esperanza?

¿No es mejor que imponer conocimientos,

perseguir la verdad que no se alcanza?

¿Por qué nunca nos llamaron VERBO?

¿No será por temor a la palabra

que se ha hecho carne en la humanidad entera

y de todos los dominios nos libera?

¿No será porque ésta regenera,

busca la luz que a la verdad devela,

encuentra la fuerza que a la verdad derrota;

halla la paz y la belleza suma,

matando a los egoísmos de las ansias locas?

Si el mundo alguna vez en su locura

nos llamó por error un alfarero,

fue para usar sin duda alguna

el dominio que el poderoso tiene;

ocultar la verdad que la realidad posee;

cambiarle en sentido a la cultura;

escribir la historia con el filo de una espada:

no cambiar en los hechos la estructura,

hablar de cambio, no cambiando nada.

Si en cambio nosotros le imponemos

a la docencia de nuestro cada día,

el nombre que nadie nos decía:

de SIMIENTE, LEVADURA o VERBO

una historia distinta forjaremos:

¡LA HISTORIA PURA DE UN ETERNO MAGISTERIO!

Programa que trata sobre referentes de la literatura de San Luis
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11 de marzo de 2014

Video - Poema Vientres - Luis Vilchez

Vientres 

De mujeres se muy poco -casi nada-
empezaré por contarte lo que intuyo:
se de mujeres que trabajan la cosecha diaria
ungidas mariposas con sus senos de miel...

jadeo etéreo de tierra que da a luz
en duros tiempos
-crudos-: de guerra y de dolor...

rosadas manos de seda
o gravemente heridas

eternas buscadoras de un espacio propio
saladas... dulces... frescas: bocaditos de Adanes

¡alas... eternamente alas!

recorren un camino de lluvias y pasiones
envueltas en pañuelos convidan esperanza...
volátiles pociones tan llenas de candor...
un óbelo del libro que señala caminos
de luchas y de marchas
en plazas del dolor...

unidas como manos que aplauden la alegría
comandan las escuelas... hospitales... familias...
incitando al abrazo... al beso... a la nostalgia...

ocróptero angelito de alas amarillas
nacidas y paridas en cuerpos de guitarras
en tiempos de avaricia ellas reparten panes...

son mujeres de tierra
son de agua
y son madres


11 de noviembre de 2013

Como si fuera el fin del mundo - Luis Vilchez - Séptima experiencia literaria realizada a pulmón. Libro número quince de la Colección Libros de la Calle



Poesía

“...en la lucha social también por la semilla
se llega al fruto
al árbol
al infinito bosque que el viento hará cantar…”
ROQUE DALTON 

¿Cómo llegamos a acariciar 
la lluvia del enero? 

¿cuántos pies se necesitan 
para llegar a la cuna de tus pechos de agua?

hoy pongo la semilla 
te doy el don que la palabra brota en mi garganta

y llego al fruto
al árbol
como Roque

soy infinito como la mirada de aquel niño que fui
y aun me tiene

camino despacio 
por un país insano

busco el poema exacto
que me lleve a ser pájaro

y construyo como un nido del hornero
las palabras que matan al olvido

así 
la música camina por los árboles

y el aroma que nace de las flores
penetra en mi

es cierto mi amor:
la poesía es el infinito bosque de palabras 
que el viento hace cantar

16 / 01 / 2013





Historias Vulnerables



Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, 
se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
DE AMOR 77, JULIO CORTÁZAR, UN TAL LUCAS

Ilustración, Gustavo Díaz

Fuego

   Nadie ha visto el humo aún. 
   Nosotros recién acabamos de hacer el amor. Una rosa perfumada se acurruca en la mesa de luz y se enfrenta a nuestras miradas gozadoras. La tarde esta quieta, pero los pájaros no se olvidaron de cantar. Percibimos que un hermoso colibrí nos cuenta en cantos algo ocurrido, pero somos inconscientes de lo que esta pasando. Esperanza (mi amada compañera) se tiende una bata y se va a bañar. Con mirada picarona presiento que me invita a compartir el rito. Baboso mi ser hoy solo piensa en ella. Esos senos, ese pelo, esos ojos. Todo mío (o casi mío) no lo sé. Mojados, nuestros cuerpos entran en plena pluviosidad, ella me pide más, y yo trato de complacerla, me suplica que no pare, y soy su dicha. Por un instante siento que soy dios, pero eso es poco, no puedo ser tan necio. Ese invento de los hombres hace mucho que se olvidó del mundo y se desmitificó de mi vida amorosa. Y yo soy vuelo, revolución, delirio, memoria. Soy todo lo contrario de esa esencia que quiere preceder a mi existencia. 
   
A Esperanza se le cae el jabón y yo me enciendo contra su trasero. Mientras la fuerza se llena de ternura compartimos amor, mordiscones. Rasguñados somos una especie de batalla de besos y de abrazos. No hay nada más hermoso que este instante, nada importa, nada existe de repente, solo el acto. Ninguno quiere abandonar este juego. Ambos sabemos que cuando todo pase hay que volver a la realidad. Al acelere de las monotonías, al colectivo roto, a verle la cara a la rutina, a los niños que requieren nuestro afecto (o defecto). No, es muy injusto, no podemos ser tan bobos y parar, no lo merecemos. No. Pero todo pasa. Nos secamos, peinamos y nos cepillamos los dientes (siempre queda en la boca ese aliento gozador, que no es bueno compartir con extraños).

   ¡El humo, el humo, el humo! (grita Esperanza) ¿Eso es humo? (contestó sorprendido) y con desprecio miró por la ventana.

   En realidad ninguno quiere salir, es domingo, y este día es nuestro, nadie, ni si quiera el fuego, tiene derecho a robarnos nuestro tiempo. Pero la culpa es grande. La diosa abre la puerta y ve el incendio. El terreno de en frente se esta quemando. Lo peor es que esta lleno de chatarras, tarimas, viejas heladeras, etc.… y con la ayuda de los árboles se fortalece el fuego. Pegadito al fuego esta la casa de la familia Páez, un matrimonio de ansíanos que vive hace muy poco en el barrio. La culpa se agranda y nos da pena. Con mucho dolor emprendemos la partida solidaria hasta la casa de los buenos abuelos, a ver que se puede hacer para apagar el fuego, ya hemos postergado el rito del amor vaya a saber por cuanto tiempo (puedo asegurar que los dos estamos angustiados) pero no queremos demostrar la pena.

   Todo, absolutamente todo el vecindario viene a presenciar el acto. El fuego crece y se expande la ola de humo que nos hace toser y re-toser y nos marchita el amor de a cuajo. Por un momento tenemos la sensación de que todos nos observan. Con Esperanza nos miramos y mimamos con miradas cómplices y percibimos la misma sensación. Nadie tiene nuestro color y nuestro olor. Nadie. Somos inevitablemente: etéreos.

   Celestina, la vecina de enfrente, sale de su casa después de largos días de encierros y de rutinas (al divino botón, se le pasó la vida, pienso). Sus hijos la acompañan y no esta mal venir con un buen mate, ya que se nota que hay para rato y nunca viene mal hacer sociales. Feliciano, su marido va por unos baldes y alguna manguera. Llegan todos. El almacenero, reconoce que se había olvidado de lo que era estar en la calle con gente y se sorprende al ver como ha aumentado con el pasar del tiempo la población del barrio. Mientras tantos los abuelos tiran baldes y tratan de apagar con dos o tres vecinos el fuego con una precaria manguera. Todo es humo, en esa tarde oscura. Todo es dolor, pesar y terquedad. Son más de doscientos los ojos que miran el siniestro. Por momentos da la sensación de que nadie quiere que el fuego se apague. En realidad el barrio es aburrido y monótono, nadie tiene tiempo de hacer sociales, y por primera ves en diez años de vida parece que estamos todos. Puede verse alla a lo lejos una joven lugareña presumiendo a un muchacho con cuerpo de lobo y fingiendo espanto por el fuego. Los concejales del barrio aparecen con espíritu soberbio y comentan que presentían que esto iba a pasar y que ya habían advertido a la gente de la chatarrería que deberían limpiar y desalojar el terreno lo más pronto posible. 

   El cura, bendice el causal encuentro popular y finge conmoverse por la injusticia, aprovechando el espacio para recordar que hay que ir a misa y colaborar con la causa divina. La oportunidad es masiva y nunca falta el tiempo para publicitar horarios para que niños y grandes hagan la primera comunión y se liberen del pecado. No falta el debate. Aparece un vecino Adventista de los Últimos Tiempos y un grupo de formales y corteses Testigos de Jehová. Grito va y palabras vienen, el más coherente resulta ser el Trula (vagabundo que acaba de perder su hospedaje en la casa abandonada en el lugar del hecho) y dice a los gritos: ¡Carl Marx decía que la inquietud religiosa es al mismo tiempo la expresión del sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real. La religión es la queja de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas desalmado. Es el opio del pueblo! Y tenia razón, reflexiona nuevamente.  Sabio el Trula, che. (Pensamos con Esperanza)

   No hace falta un insensato que reparte tarjetas para la discoteca y el vendedor de pan casero (entre otros). Todo se torna a una feria de ventas o un rito religioso y pagano como el de Villa de la Quebrada, en la provincia de San Luis (lugar donde vivimos). Por momentos nos miramos con Esperanza como si fuéramos dos desconocidos, somos cómplices del hecho, y también nos sentimos como sapo de otro poso. Nadie puede pasar desapercibido, todo es nuevo. Un nuevo paisaje, voces nuevas, amigos y vecinas nuevas. Pero el fuego persiste a los ojos de todos. Todos aparentemente se asustan. Comienzan las molestias en los ojos y todos tosen, porque también hay molestias en las gargantas secas. Todos. Todos son un molesto coro de babuinos. 
   Sorprendidos, algunos preguntan si hay muertos. Quizás ese hecho agrave la situación pero si hay sangre hay más suspenso y así nadie se querrá ir del populoso holocausto para encender la monótona TV, y continuar con el partido del domingo. 

   Cuarenta minutos después por fin llegan los bomberos. Los vecinos se miran de reojo y es propicio el momento para intercambiar teléfonos y planificar hacer una comisión barrial. El hecho se agrava por unas horas más y luego de apagar el fuego los bomberos exhaustos se van. Nada en el descampado. Solo chatarras quemadas. Alguien que llora y fuma uno que otro porro. Y vuela, como yo y Esperanza volábamos hace unas horas, pero en otra sintonía.

   El barrio retorna al silencio que lo caracteriza. Pueden verse las ventanas de las casas con las luces prendidas y el encendido de algun televisor (algo hay que quemar, aunque sea las neuronas).

   Esperanza prepara la tarea del lunes, ya llagaron los niños. Mi suegra y mi nuera vienen a quedarse a dormir. Me aparto y me apropio del silencio y voy a regar el pasto. Me pongo los anteojos y el sombrero.

   La felicidad es corta. La paz dura lo necesario como para seguir soportando este mundo. Soy demasiado insensato como los del barrio. Como vos. Como el bendito sexo. Que se acaba.

Ilustración, Brenda Opaso