11 de mayo de 2015

Luis Vilchez - Poesía Periodística (Parte 4) Gabriel Rosales, poeta popular de La Carolina, San Luis, Argentina. Hermano de “El Viento”

Sequía 

(Dedicado al poeta Gabriel Rosales)

El capitalismo salvaje
es y será el enemigo
de los poetas revolucionarios

¡se escuchan pocas voces!

¡pero hay!

Poema extraído del libro “Como si fuera el fin del mundo”, de Luis Vilchez, Libro número quince de la Colección Libros de la Calle. Año 2013.



Es difícil para mí hablar del Gabi sin dejar a un costado los afectos.

Trataré de convidarles al Rosales poeta, militante, docente, hombre, amigo, soñador. Ese que por el mes de mayo de 2004 conocí en una marcha docente, y que panfleteaba su proclama protesta, en un panfleto cuyo nombre se tituló “El Turno De Los Ofendidos” (suponemos que en homenaje al poeta Roque Dalton, referente); dicho folleto comenzaba a distribuirse regularmente (una o dos veces al mes) en las marchas populares de la “Multisectorial del pueblo” que por ese entonces se realizaban todos los miércoles.

Ese que más de una vez compartió un vino y un poema militante y que en un abrazo de guitarra nos hicimos compadres y que escribió en un fragmento de su poema “Calle Adentro”: “gracias amigos por pisarme el pecho / así tan bellamente / y borrarme las huellas / de los que nos pisan la Esperanza / con sus zapatos nuevos”. Ese es Gabriel Rosales, el que nació en La Carolina, San Luis. El que ama a su pueblo y sueña un mundo mejor.

A continuación convidamos un trabajo sobre Poesía Panfletaria que realizo con el poeta puntano Walter Olguín y va también, algo de su extensa obra literaria.


Programa que trata sobre referentes de la literatura de San Luis
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Poesía Panfletaria

Ecos

será esa belleza nueva,
la belleza que crearán ellos,
esa belleza activa que lo arrastrará todo

Juan L. Ortiz

un grito blanco desde el fondo de nuestra historia
¿nos invita a comprometernos?
el tristísimo cadáver de una esperanza rota
¿nos invita a comprometernos?
ciertas basuras cotidianas
¿nos invitan a comprometernos?
el olvido y la memoria, bestias sagradas
¿nos invita a comprometernos?
ciertas oscuridades que circundan los ojos
¿nos invitan a comprometernos?
esta época de sótanos,
de amor a plazo fijo
de pinchazos, de eje roto,
de paloma mojada
¿nos invita a comprometernos?
este mosquear constante en la ventana o límite
¿nos invita a comprometemos?
pero, ¿cuál es el límite,
el punto exacto donde dejamos de ser eso que fuimos
para
ser otra cosa
o simplemente ser?
¿cuál?

mundo virgen de héroes
este de hoy,
abierto a los huracanes de la belleza,
esta belleza bella de andar buscando
hasta encontramos.


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La poesía panfletaria: la promoción de lectura en contexto de lucha social.

Área temática: “La lectura, la escritura y la comunicación oral en la familia y la comunidad.”

I. Contexto de la experiencia y algunas consideraciones

A fines del año 2003 comienza en la provincia de San Luis un proceso de movilización social inédito en su historia reciente. La continuación y profundización de las políticas neoliberales de ajuste y privatización llevadas adelante por el Estado provincial, provocó que a principios del 2004 estallara un conflicto en el que participaron una multiplicidad de sectores de nuestra comunidad. Dicho conflicto se extiende, con menor intensidad y de manera solapada, hasta nuestros días. Las consecuencias concretas de la aplicación de estas políticas de gobierno fueron entre otras: la externación irresponsable de enfermos del hospital psiquiátrico, la amenaza de cierre de las escuelas especiales; el cierre de las instituciones de minoridad y de los hogares de ancianos administrados por congregaciones religiosas, vaciamiento y privatización de Vialidad Provincial; el avasallamiento de la autonomía municipal, intervención autoritaria de las escuelas públicas, derogación del estatuto docente, etc. A esto debe sumarse que poder legislativo y judicial dependen de la familia gobernante enquistada en el poder ejecutivo desde 1983. De todo ello, derivó un conflicto que en su momento más álgido contó con una participación de aproximada de 20.000 personas (mayo del 2004).

En este contexto de movilización surge, a principios del 2004, la experiencia del panfleto de poesía “El Turno de los Ofendidos” que comienza a distribuirse regularmente (una o dos veces al mes) en las marchas que por ese entonces se realizaban todos los miércoles.

El panfleto se constituyó en un vehículo que nos permitió:

 En primera instancia, compartir con quienes marchaban (cada tirada era de 250 ejemplares) la lectura de un conjunto de poetas que a nuestro criterio asumieron desde su obra el compromiso con la poesía y los procesos de transformación político-social.

La lectura de estos poetas en el contexto de las marchas la hicimos intentando resignificar el término poesía panfletaria, mediante el cual tradicionalmente se etiquetaba ( o etiqueta) peyorativamente a estos escritores que ponían “por encima o a la par de su arte” sus opciones políticas.

La distribución de este panfleto generó, en el mismo contexto de las marchas y fuera de este, una pequeña comunidad de lectores. En la actualidad este panfleto se sigue editando, ya con menos frecuencia, y va por su número 20.

 Otra cuestión importante que nos posibilitó el panfleto fue la oportunidad de generar un espacio de escritura. Comenzamos escribiendo en el panfleto solo dos compañeros y a medida que se fueron sucediendo los números se plegaron a la propuesta otros marchistas a publicar sus textos, alrededor de 15 escritores locales (algunos de los cuales se constituyeron como tales en ese momento) publicaron sus poemas en el panfleto.

La escritura desplegada en los diversos poemas del panfleto, y más allá de la valoración literaria que se haga de ella, tendía en la mayoría de los casos a reelaborar diferentes experiencias vividas en el transcurso de las movilizaciones (miedo a la represión, conflictos con los beneficiarios del plan de inclusión, experiencias de las asambleas, etc.) aportando nuevos sentidos para pensar y recrear lo vivido en el proceso de lucha.

 Los puntos mencionados anteriormente acerca de nuestra experiencia nos llevaron a considerar al panfleto de poesía “El turno de los Ofendidos” como una praxis que posibilitó una apertura hacia nuevas experiencias colectivas. A partir de la participación en el panfleto se constituyó el grupo “Poetas de la Marcha”. También se conformó el grupo “Revistas Callejeras” donde confluyeron diversas experiencias político–culturales cuyo denominador común fue expresarse a través de la escritura por un cambio social.

II. Poesía Autoconvocada. Reflexiones acerca de las palabras prestadas.

En nuestra Universidad se repartían panfletos invitando a las marchas. Se nos ocurrió hacer un panfleto de poesía, que si a nadie le interesaba, al menos cumpliera con el propósito de convocar a la marcha. Lo diferente era el lugar desde dónde estábamos convocando: desde la palabra poética.

El “Turno de los ofendidos” fue el título que elegimos para el panfleto. Era una forma de “homenajear” a Roque Dalton que tiene un libro que llamado “El turno del ofendido” (1962). Pero este homenaje era en realidad un hacer presente no sólo a Dalton, sino a toda una tradición poética: aquella que ha estado vinculada con la emancipación social y política de los sectores populares. En ese primer número además de nuestros poemas, publicamos textos de Ernesto Cardenal, Leonel Rugama y Roberto Santoro.

Intuitivamente comprendíamos que la posibilidad de vivir en poesía, como dice el poeta puntano Antonio Esteban Agüero, resulta incompatible con las diversas situaciones de opresión social, económica, política, cultural, de género, etc., ya que estas situaciones impiden a los hombres y mujeres desarrollar plenamente su humanidad. Eran intuiciones. Nuestra reflexión acerca de qué era la poesía y especialmente esto que llamamos poesía panfletaria empezó a tomar claridad mucho más adelante.

Recién en el panfleto número 7, cinco meses después del primero, escribimos en la editorial algo al respecto:

“La Poesía Panfletaria es una búsqueda individual y colectiva de la belleza en y desde la lucha concreta; es una búsqueda constante de la unión entre la ética y la estética, entre la poética y la política. La Poesía Panfletaria no tiene miedo de reivindicar y reinventar el panfleto político como potente y necesario lugar de la belleza .La Poesía Panfletaria es la afirmación de que es posible pensar la vida misma como práctica poética. La Poesía Panfletaria afirma que no hay revolución posible sin tradición y creación.”

El primer panfleto apareció apenas iniciadas las primeras movilizaciones, en marzo del 2004. Tenía un subtítulo que enunciaba “aparece cuando hay marcha.”

La primer editorial de nuestro panfleto fue “prestada”. Utilizamos la editorial de la revista “El barrilete” de Roberto Santoro, redactada en diciembre de 1963. Tomar prestada esta editorial fue como tomar prestada una identidad. A través de esta editorial nos presentamos como sujetos de palabra. De palabra ahora-nuevamente en la calle. Y con esa identidad prestada queríamos diferenciarnos de los “zorros grises de la poesía”, como los llama Santoro, pero también de los que llamamos, y más adelante explicaremos porque, zorros grises de la política. La editorial era la siguiente:

“Nos los representantes de la poesía Argentina, cansados de tantos humanoides, y en la certeza de que si queda alguien afuera se incorporara de todas formas a nosotros, Invocando el trabajo, fuente de toda razón y justicia; ordenados según peso y medida, por orden alfabético y por vocación que no es vacación como creen muchos y a los cuales llamamos zorros grises de la poesía, decretamos el estado de sitio a la mufa circulante, a la revolución de bolsillo, al amor a transistores, a los municipales vedettes de la literatura, a los propagadores del concubinato moral, a los roñosos trepadores, en fin a todos aquellos que habitan inodoros y venden su corazón a los rotograbados. Comemos seis kilos de carne por día, Baudelaire nos guiña un ojo, no somos teóricos por eso trabajamos, trabajamos, trabajamos.”

Tanto la editorial prestada, como el subtítulo propusieron una lectura. Posicionaron al emisor, pero también ensayaron un sentido de lectura para ese lector a medias desprevenido que en ese entonces marchaba a nuestro lado.

Nos parece interesante reflexionar sobre este “sentido de lectura” propuesto porque consideramos que siempre como “promotores de lectura”, y en este caso particular de poesía, nuestra práctica se desarrolla en base a ciertas concepciones o identidades construidas y por esta razón, al igual que toda práctica social, creemos que la promoción de la lectura está lejos de la neutralidad política, el tema está en si somos conscientes, ingenuos, o astutos ingenuos como los llama Freire a quienes desarrollan prácticas sociales “ascépticas” escudados en una supuesta neutralidad valorativa.

En este sentido podemos afirmar que nuestras intencionalidades como promotores, el contexto en el que desarrollamos nuestra tarea y el material de lectura ofrecido a la bienaventuranza del lector implican necesariamente la asunción de una profunda identidad política para nuestra práctica, más adelante aclararemos cual es la connotación específica que le damos al concepto de política.

III. El día que la poesía llegó al palco

Simultáneamente a nuestra aparición en la marcha, comenzaron a circular otras publicaciones elaboradas por grupos de jóvenes independientes: la revista de reflexión política “El Desakatao” y la revista de poesía “Pase y sírvase”.

La marcha se convirtió en el espacio de encuentro de estos grupos. Los poemas publicados por un grupo comenzaron a aparecer en la publicación de los otros. Así fue que decidimos juntarnos y dar lugar a un nuevo espacio que posibilitó el diálogo entre las diferentes experiencias y que se llamó “Revistas Callejeras”. Al principio los propósitos de este encuentro era trabajar colectivamente para financiar las publicaciones y realizar intervenciones artísticas y culturales que aportaran a la lucha contra el gobierno. Lo de la financiación no funcionó, pero respecto de las intervenciones se dieron cuestiones interesantes, especialmente en lo concerniente a la lectura de poesía.

A continuación relatamos una de estas intervenciones que nos resultó especialmente significativa.

Al gobernador de la provincia de San Luis, se lo apoda maliciosamente “tiburón blanco”. ¿Por qué? “porque se come a los hombres”, según la explicación popular. Se trata de una broma homofóbica. Con las Revistas Callejeras retomamos este apodo para realizar la siguiente “performance”:

Nos pusimos de acuerdo en hacer con papeles y alambre un tiburón gigante para llevarlo a la marcha y quemarlo al finalizar el acto. La quema tenía que realizarse en simultáneo con la lectura del poema “Tiburonicidio” publicado en el panfleto nº 9 en Septiembre de ese año. Este poema era de nuestra autoría y estaba inspirado en el libro de Pablo Neruda “Incitación al Nixonicidio y alabanza de la Revolución Chilena”.

La aparición del tiburón blanco en la marcha generó al principio sorpresa y luego la adhesión de los marchistas. Se trataba un forma inédita de protesta, donde de alguna manera aparecía materializado “un decir” popular pícaro y contestatario. Fue una risa. Un tiburón gigante atravesando el centro de una provincia serrana. Un tiburón entre cientos de personas marchando. Y en medio de esa perplejidad graciosa, un grupo de escritores-marchistas repartían panfletos de poesía a otros lectores-marchistas y a cualquier transeúnte desprevenido.

La dirigencia de la marcha, que sabía de nuestra intervención, nos invitó a subir al palco a leer el poema mientras se quemaba el muñeco. Fue una lectura escuchada con entusiasmo. Un silencio ruidoso dispuesto a la escucha del poema. Y luego el aplauso de todos los presentes y los gritos de la multitud que se reconoce en la palabra.

Fue un montaje. Un montaje escenográfico que preparó la escucha.

Acá es dónde la lectura de poemas ante una multitud convocada de antemano para la realización de una acción política entró de lleno en el ámbito de las relaciones de poder.
Cuando las marchas eran numerosas el palco era un espacio que los dirigentes de las distintas organizaciones se disputaron. Tal fue la magnitud de esta disputa, que se decidió para cada marcha elaborar un discurso único que fuera leído por un representante de la Multisectorial elegido para la ocasión.

El palco era el espacio del reconocimiento político de un grupo o un sector social. Era el espacio que permitía afirmar o multiplicar el capital político o social de un grupo. ¿Y ese lector de poesía ahí? ¿Qué hace? ¿Busca un cargo? ¿Está al servicio de la Multisectorial? ¿Busca un lugar en la corte como Virgilio? ¿Está al servicio de la revolución como Bretón?

Subir al palco a leer. Esa acción puso en riesgo a la poesía misma. El riesgo es caer en la lógica de la toma del poder. Lógica de la cual participaron y no pudieron –ni quisieron- escapar las distintas agrupaciones. Es la lógica que terminó desgarrando la movilización social.

Una lógica que afirma que el fin en última instancia es la toma del poder político materializado en el aparato estatal, y que todo lo demás son medios e instrumentos que solo valen en tanto contribuyen a ese fin último. Individuos, luchas, arte, lecturas se convierten en medios de un fin que les es ajeno.

Desde esa concepción política la palabra poética en el palco corre el riesgo de negarse a si misma. Corre el riesgo de volverse panfletaria. Panfletaria, ahora sí en el sentido miserable. La palabra como instrumento de un fin predeterminado. De un objeto inmediato. La poesía panfletaria miserable instrumentaliza el acto de leer. Hace de la lectura una poiesis, una técnica al servicio de algo que le es extraño. Se trata entonces de una literatura al servicio de un programa político-social que instrumentaliza la práctica política, que hace de los sujetos objetos de movimientos estratégicos, de la misma forma que el capitalismo hace de los sujetos “recursos humanos”, es decir, mercancía intercambiable.

Sin duda que las Revistas Callejeras disputamos algo con los partidos políticos tradicionales, con los gremios y las asociaciones civiles presentes en la marcha, pero no era el palco. No era el palco tal como ellos lo conciben, no era el poder entendido como dominación, sino que intentábamos, en la medida de nuestra conciencia e ingenuidad, afirmar otra lógica, otra forma de hacer política y por lo tanto otra forma de leer.

En este sentido y desde esta lógica de poder coincidimos con John Holloway cuando plantea que “Para empezar a cambiar el mundo sin tomar el poder, hay que hacer una distinción entre el poder-hacer (potentia) y el poder-sobre (potestas). Cualquier intento de cambiar la sociedad involucra el hacer, la actividad. El hacer, a su vez, implica que tenemos la capacidad de hacer, el poder-hacer (...) este poder-hacer es siempre social, es siempre parte del flujo social del hacer. Nuestra capacidad de hacer es producto del hacer de los otros y crea las condiciones para el hacer futuro de otros. Es imposible imaginar un hacer que no esté integrado de una u otra forma al hacer de otros, en el presente, el pasado o el futuro.”

Queremos, intuimos, sospechamos (aunque nunca podremos saberlo con certeza) que ese que escuchó el poema y los demás poemas que en otras ocasiones volvimos a leer, haya comprendido que para hacer caer a este gobierno hacen falta también hacer-nacer nuevas palabras, hacer-nacer nuevas prácticas políticas. Y más allá de esto esperamos y en esto cosiste nuestra convicción más firme, que alguno de los dos mil que escucharon el poema, se haya sentido interpelado en lo más profundo de sí mismo. Esta interpelación, esta perturbación que, creemos, genera la palabra poética no se resuelve con la toma del poder, sino solamente se tramita en la construcción de un sentido de existencia. Y este sentido posible, creemos, solo se nos presenta en la vivencia estética mundo.

IV. La marcha como espacio social de lectura y la constitución de una comunidad de lectores de poesía

Consideramos que las movilizaciones que se produjeron en nuestra provincia se constituyeron en un espacio social de lectura. En ellas circulaban panfletos, periódicos, denuncias, discursos, etc. Pero si bien la coexistencia de todos estos soportes de lectura y su lectura en la calle nos permite hablar de un “espacio social de lectura”, creemos necesario identificar al interior de este lo que hemos dado a llamar “comunidad de lectores de poesía”, concepto que nos llevará a desarrollar las regularidades específicas que se dieron con “El turno...” y que hicieron posible, creemos nosotros, la constitución de esta comunidad.

Llamamos Comunidad de Lectores de Poesía al “conjunto de sujetos que comparten un soporte de lectura en un contexto socio – político específico, con una plataforma de sentidos en común y durante un período de tiempo determinado”.

 Los sujetos: identificar los sujetos de esta comunidad es identificar quienes son los posibles lectores. En este caso fueron las personas de los diferentes sectores movilizados: maestros de las escuelas públicas y privadas, empleados municipales, empleados de vialidad, “laicos autoconvocados”, coordinadoras de padres, centros de estudiantes, empleados públicos autoconvocados, partidos políticos, asociaciones civiles, etc. Un total de 64 organizaciones fueron las que convocaron a las marchas, además de los que se movilizaron espontáneamente. Se trataba de una comunidad heterogénea de lectores.

 Soporte textual: Las características del espacio social de lectura en el que desarrollamos nuestra práctica determinó en gran medida el soporte textual de cuál nos valdríamos para realizar las tareas de promoción de la lectura En este sentido podemos decir que, tanto el espacio físico (la calle) como la estrategia de lucha elegida (la marcha) influyeron directamente en que esta comunidad de lectores de poesía se constituyera en torno a un panfleto como medio material de comunicación.

 Plataforma de sentidos: cuando hablamos de plataforma de sentidos que hacen posible un tipo particular de lectura nos estamos refiriendo a los supuestos básicos que articulan las diferentes prácticas sociales que en este espacio se desarrollan. Este sentido compartido tiene que ver con la pregunta por los fines últimos que orientan la acción. En este contexto la plataforma de sentido está dada por la centralidad de lo político y lo social como significaciones articuladoras de las diferentes prácticas sociales. La marcha logró articular, al menos por un tiempo, las diferentes concepciones de vida, ideológicas, políticas, que a largo plazo corresponden a proyectos incompatibles, y que sin embargo probablemente por la coyuntura lograron establecer un acuerdo.

Los panfletos de poesía, como no puede ser de otra manera, comparten esta plataforma de sentido, pero a su vez, guardan ciertas especificidades características del discurso poético. En este punto queremos hacer alusión al aporte específico que el texto poético realiza a la constitución de esta comunidad de lectora. La característica particular de este tipo de textos, que lo diferencian de los géneros no literarios, reside en la multiplicidad de sentidos que posibilita el ejercicio de su lectura. El sentido no esta preestablecido claramente en el mensaje (como sería en el contexto de la marcha un discurso político por ejemplo) sino que es una construcción entre el texto y el lector, el poema es resignificando desde la experiencia del lector, el lector es interpelado en su experiencia íntima por el poema; pero esta operación de lectura al darse en un contexto particular con la plataforma de sentidos antes mencionada acota o restringe las lecturas posibles del poema, en este caso la lectura se realiza desde una predominancia de los sentidos políticos, pero estos, al mismo tiempo y en una relación dialéctica, son formados, deformados y transformados por el poema.

 Período de tiempo: La comunidad de lectores para constituirse como tal necesita de una continuidad en el tiempo, de una cierta regularidad. Los panfletos fueron repartidos desde Marzo del 2004 hasta febrero del 2005 con una frecuencia promedio de dos por mes, y creemos que esta frecuencia aportó a la consolidación de un vínculo entre lectores y escritores. Para justificar esta conclusión nos basamos en lo observado en el transcurso de las marchas, donde mientras la gente caminaba leía los poemas, las devoluciones orales que nos hacían de los mismos, los correos electrónicos aportando textos y/o comentarios, etc.

La regularidad no se dio solamente porque nosotros sacábamos los panfletos, sino también porque las marchas contra el gobierno fueron también constantes. Los distintos sectores confluyeron en un mismo escenario y con ciertos objetivos generales que los unían. Se puede decir también que la marcha constituyó a un espacio d consolidación de un “sujeto colectivo político” que encarno lo que en ese momento se llamó La Multisectorial. Este colectivo antes no existía antes, se constituyó ahí mismo. Entonces, la comunidad de lectores poesía se da en relación estrecha con la constitución del colectivo político y el espacio social de lectura del cual forma parte.

V. Conclusiones

En el desarrollo de estas reflexiones hemos recurrido a palabras que por lo general se mantienen ajenas a las prácticas de promoción de lectura: poder, política, poder-hacer, marcha, panfleto, etc. y es que nuestra intencionalidad en un principio no fue propiamente la “promoción de lectura” sino que fue otra: invitar a la marcha y a la vez compartir con los marchistas los poetas que nos movilizan a luchar por un mundo más justo. Y en ese invitar y compartir para luchar es que aconteció la promoción de lectura. Sostenemos con Paulo Freire que cuando hay continuidad entre la lectura de la palabra escrita y la lectura del mundo ocurre, tiene lugar esa práctica profunda que es la lectura de la palabra-mundo. Lectura de la palabra mundo que es también acción sobre el mundo, acción que genera nuevos sentidos. ¿Nuevos contratos sociales de lectura?

Pero, en el caso específico de la palabra poética, rica en significados y connotaciones diversas ¿Cómo puede haber contrato de lectura si no hay nada que cumplir, si un lector puede abandonar su lectura definitivamente sin culpa ni cargo?

Nos hacemos estas preguntas cuando volvemos a mirar esa primera editorial que comienza “Nos los representantes de la poesía argentina...” y vemos que en ese momento Roberto Santoro recrea, resignifica ese contrato social que constituye a los hombres en sujetos de ley, en sujetos de derecho. Y cuando el poeta resignifica la norma ¿qué hace? ¿Transgrede la ley? ¿La ofende?

Probablemente crea sentidos de ley. De una ley que nadie puede hacer cumplir por la fuerza, una ley sin artículos claros, de mandatos que son un misterio. Se trata de otra forma de instituir la vida.

Regular la vida, en eso consiste la política. Pero soñarla, recrearla, buscarla, asumirla con el pensamiento y el cuerpo, con la conciencia y la inconsciencia es tarea de la poesía. Ambas praxis, poética y política, hacen de nuestra vida biológica una vida humanizada.

De ahí que para pensar la promoción de lectura o mejor, la promoción de nuevos contratos de lectura, sea necesario, pensar nuevos contratos sociales. Si aspiramos a conformar mediante nuestras prácticas de promoción una comunidad de lectores, de profundos lectores del mundo y de la palabra escrita, entonces también debemos conformar una comunidad de iguales, sólo diferentes en cuanto al carácter de “signos indescifrables”.

Recorrido ya un camino nos preguntamos ¿Qué sentidos provocó leer poesía en el contexto de una marcha? ¿La vida poética puede ser un proyecto social, una nueva forma de regular las relaciones sociales?

Seguramente muchos de los sentidos que provocó el panfleto “El turno de los ofendidos” fueron articulados por los lectores con la centralidad de la plataforma de sentidos más amplia de ese momento. Pero a su vez, sospechamos, estos sentidos generales deben haber sido resignificados por la palabra poética. Y en este caso la experiencia de lectura de poesía no se cierra ni se acaba en la inmediatez de la urgencia política, sino que continúa más allá de ella.

El panfleto de poesía sin duda fue leído en clave política, y en esta lectura se alentó al logro de un objetivo concreto: que caiga el gobierno, pero también se da que la acción política es poetizada, y entonces la trasciende, o mejor, la profundiza, porque la lleva hasta el plano donde lo que está en juego es la condición humana. En ese caso, lo que está en juego no es que caiga tal gobierno, sino el de construir una existencia humana más plena.

Título: La poesía panfletaria: la promoción de lectura en contexto de lucha social.

Resumen

Durante el año 2004 en la ciudad San Luis se desarrolló un proceso de movilización de los distintos sectores sociales contra las políticas neoliberales implementadas desde el Estado provincial.

En este contexto de lucha se concretó una iniciativa de promoción de lectura de textos poéticos: el panfleto de poesía “El turno de los Ofendidos”, que retomó la tradición de la poesía militante latinoamericana y de ciertos autores universales cuya escritura estuvo comprometida con los movimientos de emancipación popular.

Estos panfletos que fueron repartidos gratuitamente en las marchas multitudinarias del 2004, lograron establecer una comunidad de lectores que fueron integrando a su práctica política la experiencia estética de leer de poesía.

La difusión constante y sistemática de estos panfletos fue generando al interior de la marcha un espacio de “socialización de la palabra poética” a partir de ciertas manifestaciones concretas: la producción de textos elaborados por los propios “marchistas”, la lectura en voz alta durante las movilizaciones, la edición independiente de libros y revistas de producción individual y colectiva de autores cuya palabra aparece entramada con el proceso de movilización social.

Poesía de Gabriel Rosales

Poema

cuando la luz no es una opción
y la oscuridad una promesa fértil
llega el Poema como otra primavera
sobre la piel del mundo
ahí donde el olvido no es posible
donde la ceguera es epidemia entre los vivos
aparece él sin que lo llamen
bandera de humo
pájaro absurdo
caballo desbocado
empujando sin fe sin esperanza
el carro de la vida
rey Mago Pobre
obsequiando las únicas las últimas
palabras que no empalabran
pequeñas iluminaciones
que tienden sus redes de Misterio
sobre el miedo del mundo.

Poeta

de realidad hace palabras
de palabras realidades
imposible ladrón
de lo que fue
peregrino desnudo
de una fe inútil
péndulo loco
buscando lo Sagrado en cualquier parte.

Calle adentro

caminados por las Calles
que supimos andar o desandar
somos un pedacito de tierra apisonada
en el polvo del tiempo
gracias Amigos por pisarme el pecho
así tan bellamente
y borrarme las huellas
de los que nos pisan la Esperanza
con sus zapatos nuevos
y ya que estamos en la misma senda
ustedes que saben de amor y desamor
¿dónde está la huella de la que se fue,
la de los pies livianos como el azúcar?
y díganme compadres
¿han de venirme otros pies que marquen con su ritmo
alguna nueva danza?
¿acaso somos la definitiva espera
de alguna huella nueva?
¿somos, fatalmente, las huellas que nunca nos rozaron?
no hace falta que contesten
sé que los amigos no ofrecen respuestas pero escuchan preguntas
gracias Compañeros por dejarme su huella
por cruzarse en el rumbo de mi vida,
de los que Andan a la Par
han de ser
los caminos del porvenir.

Fuente

- Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento www.revistaculturalelviento.blogspot.com.ar

- www.luisvilchezpoeta.blogspot.com.ar

- Panfleto del Turno de los Ofendidos

- La poesía panfletaria: la promoción de lectura en contexto de lucha social Gabriel Rosales y Walter Olguín

Poesía Periodística (Parte 3) Poema dedicado a Ana María “Loli” Ponce

    POESÍA 
“...en la lucha social también por la semilla
     se llega al fruto
al árbol
al infinito bosque que el viento hará cantar…”
Roque Dalton

¿Cómo llegamos a acariciar
la lluvia del enero?
¿cuántos pies se necesitan
para llegar a la cuna de tus pechos de agua?
hoy pongo la semilla
te doy el don que la palabra brota en mi garganta
y llego al fruto
al árbol
como Roque
soy infinito como la mirada de aquel niño que fui
y aun me tiene
camino despacio
por un país insano
busco el poema exacto
que me lleve a ser pájaro
y construyo como un nido del hornero
las palabras que matan al olvido
así
la música camina por los árboles
y el aroma que nace de las flores
penetra en mi
es cierto mi amor:
la poesía es el infinito bosque de palabras

Poema extraído del libro “Como si fuera el fin del mundo”, Luis Vilchez, Ediciones “Libros de la calle”, año 2013.



Ana María Ponce, nació en San Luis en 1952. Comenzó su militancia en la Juventud Peronista y allí conoció a su marido, Godoberto Luis Fernández, quien fue detenido-desaparecido antes que ella. La pareja tuvo un hijo, Luis Andrés. La Loli estudió en la Escuela Normal de su provincia natal, y en la Universidad Nacional de La Plata cursó Historia y Literatura en la Facultad de Humanidades. Detenida en 1977 por fuerzas de la Marina es trasladada a la ESMA. Sus poemas, escritos en cautiverio, se conocen porque la poeta los había entregado a una compañera de detención, sobreviviente de este centro de exterminio. Su verso es llano, de metáfora precisa, como si se pudiera palpar, donde en medio de la angustia que trasuntan, siempre permanece -y pone en valor- la esperanza de la libertad como máxima aspiración humana.

Testimonio

“He surgido muchas veces / desde el fondo de las estrellas derrotadas”

En la pared del cuarto del sótano de la ESMA, la Loli había pegado un poema, al lado tenía la foto de su hijo.

Aún espero

Aún espero que el silencio me devuelva
tu voz,
que la sombra me entregue
tu cuerpo,
que el aire me haga
respirarte,
que esta muerte demorada
me de tu vida.
Que la lluvia enfríe
mi cuerpo
para sentir tu calor
de nuevo.
Que la noche te traiga
para amarme.
Que mis palabras te enciendan
los ojos.
Que mis pensamientos te busquen
donde estuviste
y ya no estás.
Que el tiempo se mude de planeta
para quedarnos los dos
como antes.
Que haya una esperanza,
eso es lo que quiero
en definitiva decir,
que quedó algo para decirme
que estás vivo.
Pero no estás.

Cuando el guardia de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) le dijo que Rubén “Delfín” Chamorro la quería ver, Ana María Ponce (“la Loli”) supo que la iban a matar. Se las arregló para encontrarse en el sótano con Graciela Daleo y sacar del armario un sobre naranja. “Guárdalos”, le dijo. Eran los poemas que había escrito durante su cautiverio. Quince años después, Luis Andrés Macagno Fernández se decidió a pedirle a su abuela que le mostrara aquellos papeles que conservaba como un tesoro. La mujer siempre le había dicho que estaban allí para él, para cuando se sintiera preparado para verlos. Luis no encuentra las palabras para explicar lo que le pasó en el momento en que leyó por primera vez esos versos. Pero cada vez que los repasa se sacude por dentro.

En la pared del cuartito del sótano de la ESMA la Loli había pegado un poema. “He resurgido muchas veces/ desde el fondo de las estrellas derrotadas”. Al lado tenía la foto de su hijo. La atormentaba no saber qué había pasado con él. Luis (Piri, por Pirincho, apodo que debe a los rulos que lo caracterizaron desde chico) estaba con ella cuando la secuestraron en el zoológico. Fue el 18 de julio de 1977 y Luis, que cumplía dos años ese día, había logrado pasar poco antes a manos de otra compañera. Su papá, Godoberto Luis Fernández, había desaparecido el 11 de enero de ese año y el Piri fue a vivir a una casa en Las Flores, con amigos de sus padres, y después a San Luis, con su abuela Elba.

Mientras estuvo cautiva en la ESMA, La Loli buscó un escape, una forma de resistir al horror que la rodeaba. Y escribió.

“Quiero saber cómo se ve el mundo/ me olvidé de su forma/ de su insaciable boca/ de sus destructoras manos/ me olvidé de la noche y el día/ me olvidé de las calles recorridas” (...) “y estoy, a pesar de todo esto/ a pesar de no creerlo/ estoy juntando unas palabras/ unas infieles palabras/ que me dejen recordar/ cómo podría verse el mundo”, dice uno de sus poemas.

Daleo conoció a la Loli en la ESMA. Cuando a ella la secuestraron, Ana María ya estaba allí y ya escribía. Ambas trabajaban en el sótano tipeando papeles en las viejas máquinas Lexington Olivetti o en una Composer, antecesora de la computadora.

El lunes de carnaval de 1978 Daleo recibió un mensaje de su compañera: que inventara una excusa para encontrarse con ella en el sótano. Era urgente. “No recuerdo cómo, pero logré que me bajaran. Me contó que Federico -el represor oficial de la policía Roberto González- le había dicho que la iban a llevar con Chamorro, el director de la ESMA, quien, en última instancia, levantaba o bajaba el pulgar de la muerte y la vida. Esa vida que en los planteles del grupo de tareas debía ser una forma de muerte, sólo que leída en un espejo”, recordó Daleo.

Según el policía, Chamorro quería que Loli diera una conferencia de prensa en la que dijera que estaba arrepentida de haber sido montonera. Para ambas era raro que el mensaje llegara a través de un simple “operativo”. “Se abrió la puerta del sótano, siempre su ruido de cerrojo. El Pedro Cacho anunció Loli, prepárese que va para La Plata”. Ya no era ver al Delfín. No hubo palabras que dijeran lo que había que decir. La Loli abrió el armario del cuartito del sótano, sacó un canasto y se lo colgó al hombro. Antes, agarró un sobre color naranja. ‘Guárdalos’, me dijo. El Pedro Cacho se la llevó”, relató su compañera.

Parte de esta historia apareció en 1998 en el diario Pagina 12, en una contratapa escrita por Juan Gelman. El relato contribuyó a que Piri se animara a saber más sobre sus padres. Para Luis no fue fácil crecer en San Luis. Lo envolvía el clima de pueblo chico y las miradas de los otros, que a veces lo hacían sentir diferente, raro o depositario de lástima. En el jardín tuvo que convivir con los nietos del dictador Jorge Rafael Videla. En una ocasión, el amigo de su abuela que lo pasaba a buscar todos los días por el lugar se demoró. Frente a la casa de Elba estacionó un Falcon Verde y la mujer se sintió descubierta. Pero no era más (ni menos) que la familia Videla y su custodia trayendo al niño.

Saldar una deuda

A pesar de que Ana María escribía desde chica, los poemas rescatados por Daleo de la ESMA son los únicos que sobrevivieron. El resto fue quemado junto con libros y documentos por miedo a los militares. La edición de los versos de Piri fue publicada en Buenos Aires, el 24 de marzo de 2004.

Dice su hijo: “fue como saldar una deuda”: “Que estén publicados me hace sentir orgulloso, porque más allá de que los haya escrito mi mamá, son muy buenos y hablan de la esperanza y las ganas de vivir”.

Narrativa

Empecé a caminar despacio. Moviendo mis piernas lentamente. Primero una, luego la otra, tratando de perder ese ritmo cansado y de pasos cortos que adquirí con tanto tiempo de llevar cadenas. Me sentía liviana, pero cuando quise caminar rápido un mareo me obligó a descansar hasta que mi pulso se normalizó.

Qué grande me parecían los espacios. Que anchas las calles. Los automóviles se movían rítmicamente: rojo detenerse; verde en marcha, yo como una sonámbula los veía pasar y una especie de temor me invadía; tanto tiempo sin verlos, sin sentir el hermoso ruido de los motores, sin respirar el penetrante olor de los gases de los escapes. Era como una fascinación. Respiraba profundo, una, dos, tres veces, para que ese aire (que dicen contaminado y sucio) me llenara los pulmones, y me sofocara.

La tarde iba haciéndose muy lentamente noche. El cielo se pintaba con colores que ya había olvidado. No había nubes, Buenos Aires vivía un hermoso día de primavera en pleno otoño. Los árboles ya casi no tenían hojas, las pocas que quedaban tenían un tinte rojizo y se balanceaban desafiando el viento suave que empezó a soplar desde el río.

Santa Fe empezaba a llenarse de luces de colores que se prendían y apagaban, titilantes, invitando a mirarlas, a enamorarse de ellas.

La cabeza empezó a dolerme. No podía distinguir las figuras, mis ojos no me respondían, era tanto el tiempo, el tiempo de estar mirando nada más que las paredes de las celdas, de los corredores, todo cercano, todo blanco, todo monótono, todo repentinamente igual durante días.

Muchas veces pensé en este día. Imaginé, traté de imaginar el olor, el sabor de la libertad, la sensación de caminar sin pedir permiso, de dormir sin pedir permiso, de mirar sin pedir permiso, de orinar sin pedir permiso.

Me di cuenta que sentía ganas de ir al baño. Entré en un bar. Damas, decía una puerta que además como para que uno no se pueda equivocar tenía una primorosa damisela dibujada sobre la madera.

Salí del baño y me senté en una mesa. El reloj de la pared marcaba las 19.30, era temprano. Pedí un café. Lo tomé lentamente. Pensé en comer algo. Pero no tenía apetito. Quise recordar lo que sentía antes, cuando me sentaba en las mesas de los bares a tomar café. Me resultó imposible. Había pasado mucho tiempo. El pasado era una nebulosa, o tal vez yo lo había reducido a eso. Dolía mucho. Durante mucho tiempo dolió mucho, hasta que al final logré que fuera un inmenso fantasma borroneado, que se quedaba muy quieto escondido donde yo no pudiera verlo.

Salí del bar para tomar un colectivo hasta Plaza Once. Caminé hasta encontrarme indiferente, sin darme cuenta del placer que me producía ese leve contacto, esos roces rápidos, incluso algunos se volvían a mirarme con enojosa expresión y a reprocharme mi distracción. Yo sonreía feliz. Ellos seguían su camino cansados, tratando de colgarse de algún colectivo para volver a sus casas.

Mi casa. De nuevo el pasado tomando por asalto mi cerebro. ¿Cuál era mi casa? Hace tanto tiempo... Mi casa, ya no existía. Fue tan efímero. Mi casa. Mi familia. Eso es, la casa de mi familia. Mi madre, la casa de mi madre con sus árboles frutales, con su parral, con esa serena atmósfera de las casas provincianas. ¿Cómo estaría mi madre?

Bajé del 68 en Once, sentí unas repentinas ganas de correr, pero tuve vergüenza, y acomodé mi paso al de los demás. En mi cartera tenía un pasaje. San Luis, 13 horas de viaje, casi 900 Km. Pensé cómo me recibirían. Mi familia, mi madre, mis hermanos, mi hijo…

Mi hijo. Exactamente 10 años sin verlo. Tiene 12. Sé que le hablaron de mí. Qué vieja me siento, tengo miedo ¿Cómo será? ¿Cómo me esperará? Me han dado ganas de llorar, lloro, hacía mucho tiempo que no lo hacía. Camino hasta la plataforma 4 donde espera el ómnibus. Hago un esfuerzo para no gritar que yo viajo cuando llaman a los pasajeros del coche 112 con destino a Mendoza, con paradas en Pergamino, Venado Tuerto, La Carlota, Río Cuarto, Villa Mercedes, San Luis…

Me siento. Trato de que mis ojos no se vean hinchados y los cierro fuerte. Un gran cansancio empieza a invadirme. El cuerpo se me va ablandando, es la gratificante sensación que precede al sueño.

Cuando abrí los ojos, sentí que una luz me encandilaba. Los cerré de nuevo. Los abrí y miré por segunda vez la luz. Era la bombita que colgaba arriba de mi cucheta. Todo seguía igual. Las paredes de la celda, los corredores, todo cercano, todo blanco, todo monótono, todo repetidamente igual. Sentí deseos de ir al baño y tuve que llamar al guardia…

Fuente:

- Libro Las Hojas, Compilación de Testimonios, notas, poemas, cuentos, crónicas varias, de escritores de la década del 60 y 70 que publicaron en la Editorial Papeles de Buenos Aires, Ediciones La Pluma y La Palabra dirigida por el poeta Roberto Santoro y escritores que han publicado en la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento dirigida por la escritora Mónica Algarbe y el poeta Luis Vilchez. Libro número 12 de las Ediciones Libros de la Calle (Ver: www.revistaculturalelviento.blogspot.com)

- Libro, Ana María Ponce: Poemas, año 2004

- Blog Decidor. Lugar de poetas argentinos comprometidos con su tiempo. (No apto para los que versifican con la pretensión de hacer de la poesía el secreto de unos pocos "elegidos", cuando es la herramienta para forjar la voz de todos: social, política e identitaria). decidor.blogspot.com/2008

Luis Vilchez - Poesía periodística (Parte 2) - Marcelo Mangiante y Tilo Wenner, La Memoria y El Viento

"...Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial.

Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.

Mínimamente soy mío,
ay, pedacito mortal..."

Fragmento del poema “Tonada del albedrío”, Silvio Rodríguez

Con mucha vocación y alegría tratamos de aprender paso a paso, mientras convidamos memorias de escritoras y escritores que han sido “referentes” para quienes hacemos Vientos desde hace 15 años. En este caso compartimos un articulo que el poeta Marcelo Mangiante escribió sobre la vida, obra y militancia social de otro poeta: Tilo Wenner (ambos de la ciudad de Entre Ríos, Argentina) para que publicáramos en el número 78 de la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) “El Viento”, publicación independiente de Juana Koslay, San Luis, Argentina.



Convidamos el trabajo de Marcelo, su poesía y la de Tilo Wenner.


poeta y periodista, desaparecido por la dictadura

tilo wenner. crónica y recuerdo de un libertario

Mi propuesta no es una politización de la disciplina. Somos en la política. Estoy proponiendo un intento de despolitización con el fin de alejarnos de una política de la hostilidad, el temor y las soluciones a medias.

Gayatri Chakravorty Spivak

El 20 de noviembre de 2014 cerca de las 11 de la mañana llego a la Biblioteca Provincial de Entre Ríos. Me esperan el director −un viejo amigo y colega, que me ha invitado− y un anciano que hará las veces de chofer: ex detenido por la dictadura cívico-militar 1976-1983, pasó ocho años preso y torturado; con él charlo por primera vez. Enseguida partimos hacia la Escuela Lomas del Mirador, situada en el muy pobre barrio paranaense del mismo nombre. Llegamos cerca del mediodía y veo unos chicos de secundaria pintando un mural, todos con remera del Movimiento Evita. El ex preso político me empieza a mirar cada vez desde más lejos: en el auto no me lo marcó, pero ahora noto que me toma por un infiltrado. Con mi amigo nos acercamos a un pequeño grupo, separado del de los pintores, y lo saludan con cariño y le convidan mate; yo que voy un poco a la zaga recibo sobrios saludos militantes, “buen día compañero”. Como no devuelvo la contraseña −sólo respondo “buen día”−, genero desconfianza y la ronda de mate nunca llega hasta mi. Inevitablemente, se evoca a “los gorilas”.

Mi amigo me había dicho que sería un acto sencillo, un homenaje, nada partidista, pero hay bastante gente teniendo en cuenta que las clases terminaron una semana antes. Y por el mismo motivo, uniformados o no, todos son militantes de la corriente kirchnerista mencionada. De a poco empiezan a caer autoridades municipales y provinciales, de educación, de derechos humanos y de ambas cosas a la vez. De pronto, sólo faltan la intendente y el gobernador. Los demás están todos. El gobernador anda en Buenos Aires “con Cristina”, así que no va a aparecer, pero la intendente “está viniendo”. Estoy rodeado. Un poco nervioso. Hay que ir al salón de actos para empezar. De reojo, miro las salidas.

Llega el móvil del canal que se ve en toda la provincia y muchos jóvenes con grabadores de periodistas. Admiro la capacidad que tienen de caer siempre un minuto antes de que todo empiece, no como yo que estoy hace una hora dale mirar el techo, dale mirar el piso, haciendo como que charlo. El rector de la escuela, como anfitrión, propone un orden de oradores; somos más de diez, tal vez quince. Si abandonan sus despachos para arriesgarse a venir a este barrio donde la noche anterior los narcos mataron un gurí y las balas silban todo el día no va a ser para sonreír en la foto nomás. Soy el anteúltimo. El cierre lo va a hacer mi amigo, que siendo director de una biblioteca es la única autoridad literaria presente, leyendo un poema de Tilo Wenner (que bajó del puñadito de poesías disponibles en internet).

LOS DUEÑOS DEL OLVIDO, VESTIDOS DE MEMORIA

Habla primero el rector, que da la bienvenida, felicita a los muralistas, menta lo significativo de la jornada, que es un día para la memoria y cosas así. Toman el micrófono tres o cuatro cargos y balbucean palabras de circunstancia: que no lo conocimos a Tilo Wenner porque no militó en Entre Ríos sino en la provincia de Buenos Aires, en Escobar, pero que lo admiramos como a los 30.000 desaparecidos por sus ideales, su lucha contra la dictadura; alguien menciona que dirigió un periódico pero no recuerda el nombre ni tampoco si era un diario o un semanario. Se menciona que escribió poesías. Después del rector, nadie ha podido hablar más de un minuto.

Llega la intendente. Todos la aplauden, incluido yo que sin embargo lo hago como en cámara lenta. Ella saluda a casi todos los que estamos al frente; soy uno de los que saltea. Ante Blanca Osuna, todos se apocan. Yo, recién en ese momento, sé que no me va a faltar coraje. El secretario de Derechos Humanos de la provincia es el único más o menos desenvuelto cuando agarra el micrófono: felicita a los militantes por el mural, habla más que los anteriores mas no agrega nada específico, sólo actualiza la empatía, el vínculo, la mística, “eso que nosotros los peronistas tenemos, lo que nos une, lo que sabemos que ellos no saben”. Flor de langa el flaco.

El ex detenido y torturado por montonero que me llevara hasta la escuela se dirige al público en nombre de la asociación de ex detenidos y familiares de víctimas de la represión, evoca el suplicio de los centros clandestinos de detención de Camps y Videla y dice que, sin haberlo conocido, siente a Tilo Wenner como un hermano. Es sincero y emotivo como nadie lo ha sido hasta el momento. Es el turno de Osuna, que no en vano alguna vez se recibió de docente: les habla a los alumnos como si fueran sus hijos, no les pide que estudien pero sí les sugiere que lean a Tilo Wenner porque tal vez (no es seguro) allí encuentren algo o a alguien con quien identificarse. Puntualiza que Wenner nació en General Galarza, cerca de Gualeguay. Se las rebusca para injertar al gobernador y a la presidente en su discurso, para agradecerles no se entiende bien qué y se llama a silencio. El rector recupera el micrófono para anunciar que el acto está llegando a su fin y que lo va a cerrar mi amigo leyendo una poesía del homenajeado. Hago un aspaviento para señalar que me ha salteado, pero no me mira; mi amigo le recuerda que aún falta mi palabra y me pasa el micrófono.

DEMASIADO CERCA, DESAPARECE 

Mi alocución, casi textual:

¿Cómo contar una historia de tantos años y peripecias en cinco minutos? Intentemos. En mayo de 2001 yo estaba buscando tema para mi tesis de la universidad y encuentro en una revista literaria de Buenos Aires, que se llamaba La Danza del Ratón, un par de poemas sueltos de un escritor que yo no había oído nombrar pero me llamó la atención porque, según decía la publicación, tenía cuatro características que yo, en cierto sentido, también las tenía: era escritor, era periodista, era entrerriano, era desaparecido. Lo de desaparecido, por supuesto, en un sentido figurado y con todo respeto. Pero ustedes me entienden que en 2001 los jóvenes pudieran verse a sí mismos como desaparecidos en este país. Lo demás no hay que explicarlo: yo escribía, hacía algo de periodismo y habitaba esta provincia. Entonces lo raro era que teniendo contacto con periodistas, con escritores, con gente de los organismos de derechos humanos, viviendo en esta provincia, siendo lector de libros, revistas y diarios en esta provincia… nunca nadie me hubiera hablado antes de Tilo Wenner, que nadie lo conociera, que yo mismo no hubiera sabido antes de él.

Me acordé al instante de Rodolfo Walsh, quien supo escribir que en 1956 en un bar de La Plata, compartiendo una cerveza, alguien le comentó: “hay un fusilado que vive” y él sintió que se habían robado un pedazo de historia, sintió que él era el que tenía que recuperarla, sintió que ese era un momento oscuro y luminoso a la vez, la punta de un ovillo que esperaba por él. Un año más tarde la publicación de Operación Masacre, de Walsh, cambió la historia de la novela y la historia del periodismo en la Argentina. La historia de Wenner era esa historia robada que a mí me tocaba reponer. Y me dediqué durante ocho años a recuperar todos los libros que publicó, que fueron trece: flor de desafío porque algunos los editó en los años 50, hace casi seis décadas, en tiradas artesanales que no pasaban de 150 ejemplares; sumado esto a que tener un libro de él pasó en los 70 a ser algo comprometedor y la gente quemaba o escondía los volúmenes. Muchos afirmaban que su obra ya estaba perdida, pero hoy por hoy está completa y digitalizada. Es una obra recobrada contra la dictadura. Y fui reconstruyendo, también, su vida en base a testimonios de familiares, vecinos, colegas. Presenté la tesis y me recibí en 2009. Pero pasaron muchas cosas antes.

REAPARECE QUE NO ES POCO

En 2003 publiqué una reseña de un libro de Tilo en El tren zonal. En 2004 la gestión de aquel momento de la municipalidad de Paraná convocó un concurso destinado a las escuelas secundarias de la ciudad de historias sobre desaparecidos por la dictadura de Paraná y de Entre Ríos. Había una nómina de desaparecidos. Wenner, claro está, no figuraba. Una profesora de educación cívica de esta escuela, Norma Mayorá, había leído mi nota en El tren zonal y le llamó la atención la ausencia de Wenner en el listado que daba la municipalidad. Me llamó por teléfono, me dijo que tenía dos excelentes alumnas de quinto y que querían presentar un trabajo sobre Tilo. Hace 12 años que doy clases y esa fue, hasta el día de hoy, la experiencia pedagógica más importante de mi vida. Guiar, junto a Norma, a las chicas en ese trabajo, fue increíble. Aparte del material específico sobre Wenner, que les apasionó, recuerdo que les presté el Nunca Más, que ustedes saben es un libro de consulta, un diccionario del horror, que no se lee de un tirón de principio a fin. Bueno, ellas lo leyeron de principio a fin. Hoy acá está una de ellas, Melisa, falta Cecilia; y falta Norma, la profe.

Las chicas de la escuela Lomas ganaron el concurso. Esta es una escuela humilde, periférica, y le ganó a las escuelas del centro que siempre tienen más recursos. Fue un orgullo para todos y un hito para esta escuela. Al punto que en noviembre de 2004, hace exactamente 10 años, me invitaron y estuvimos con Norma, Cecilia, Melisa y dos concejales de Paraná de aquel momento en este mismo salón descubriendo la placa que ponía el nombre de Tilo Wenner a la biblioteca de la escuela. No tuve ocasión de volver después de eso hasta el día de hoy. Y me han contado que hubo personas que quitaron la placa y la arrojaron no sé bien dónde. Pero la han encontrado y hoy vuelve a estar donde debe. Y si alguien la vuelve a quitar vamos a estar todos muy atentos para que rápidamente vuelva a su sitio.

Pero las repercusiones fueron más allá: en 2005 el nombre de Tilo Wenner fue agregado a uno de los dos monumentos que hay en plazas de Paraná que rinden tributo a nuestros mártires de la dictadura. Y desde 2006 ya hubo para las marchas del 24 de marzo una pancarta con la foto y el nombre de Tilo Wenner junto a las de los demás desaparecidos entrerrianos. O sea que esta escuela ha tenido y vuelve a tener un rol protagónico en el proceso de que paulatinamente el nombre de Tilo Wenner −y más adelante serán su historia y su obra− se vaya haciendo conocido en su tierra natal. No puedo terminar sin antes contar un poco quién fue este señor Tilo Wenner.

LA DESAPARICIÓN LITERARIA DE TILO WENNER

Tilo nació en 1931 en un paraje rural cerca de General Galarza, bien al sur de la provincia. Vivió pocos años, once o doce, en Entre Ríos y se mudó a principios de los 40 al sur de la provincia de Buenos Aires, a General Pirán, donde siendo un niño todavía, con 12 o 13 años de edad, se le dio vuelta un tractor. No murió de milagro, pero perdió un brazo, el izquierdo: se lo amputaron. Siendo aún un adolescente se fue a vivir a la capital, Buenos Aires, y luego viajó por Bolivia, Chile y Francia, a principio de los años 50. Entre el 52 y el 55 está afuera. En el 52, en Bolivia, es testigo de un proceso tremendamente politizado, de asambleas multitudinarias en todo el territorio, donde triunfa una revolución obrera y campesina que inicia una reforma agraria inédita. En el 55 está en Francia, y en Francia las vanguardias literarias y artísticas están a pleno en los cafés de París, la capital cultural del mundo. Esas experiencias sin duda lo marcan a Tilo y ya de vuelta en la Argentina, en el 57, publica sus dos primeros libros de poesía. En el 58 vuelve a publicar y funda un movimiento artístico de vanguardia que no fue como los anteriores en este país −una copia o adaptación de lo que se hacía en Francia−, sino a la inversa: fue un intento de hacer algo distinto que después algunos copiaron en Francia. El movimiento literario que lideró Tilo tenía una característica: se dedicaba a cuestionar a la literatura más tradicional pero también a los otros movimientos de vanguardia. No fue el único movimiento de vanguardia que hizo eso, pero los demás lo hacían siempre un poco en broma. Para Tilo y sus compinches era muy en serio. Y quiero llamar la atención sobre esto, porque lo que todos sabemos es que Tilo Wenner fue un desaparecido político en los 70. Pero lo que nadie dice y de lo que hay que darse cuenta es de que primero fue un desaparecido en la literatura y en la historia de la literatura y el arte argentinos a finales de los 50. Me explico: las críticas de Tilo Wenner a los escritores burgueses de su tiempo eran totalmente intransigentes. Y a los escritores y a los críticos literarios, que alguna vez se atrevieron a comentar o interpretar los libros de Tilo, también les dio para que tengan. En la mitad de un libro de poesía de Tilo podía aparecer su respuesta, lapidaria, a una reseña desacertada de un libro suyo anterior, escrachando con nombre y apellido al comentarista. Entonces Tilo puso en evidencia todas las hipocresías, las miserias, los pequeños negociados de los escritores de su época; a los que más se la tiraban de no hacer negocios con la literatura los acusó de ser los más negociantes de todos. Y se la cobraron. Le hicieron el vacío. Lo fueron desapareciendo de a poco de la historia de la literatura argentina. Señalo esto para que se perciba que el problema no empieza el 24 de marzo del 76 y no termina en el 83 cuando vuelve la democracia. Empieza antes y hoy continúa aunque sea distinto o menos grave. Hay una matriz cultural violenta en la Argentina que segrega a los diferentes y busca exterminarlos.

LA DESAPARICIÓN FÍSICA Y POLÍTICA DE TILO WENNER

En 1964 Tilo se radica en Escobar, consigue una imprenta y se dedica a dirigir un semanario, El Actual, que va a salir ininterrumpidamente por casi 12 años, hasta el 24 de marzo de 1976. A lo largo de esos doce años, una y otra vez, Tilo denunció todos los actos de corrupción, todas las persecuciones y aprietes del estado y de las grandes fábricas del conurbano bonaerense hacia sus propios obreros, incluso asesinatos. También a él y a la gente de El Actual les tocó ser blanco de intimidaciones y de crímenes. En el 76, antes del golpe, es presumiblemente la Triple A la que mata a un cronista y a un repartidor del periódico, que se va a quedar con un plantel diezmado, pero que sigue saliendo a la calle cada martes. En la madrugada del 24 de marzo, a la misma hora en que se produce el golpe en Buenos Aires, se produce un ataque a la redacción de El Actual, que era a su vez la parte de adelante de la casa de Wenner en Escobar. No está claro si era una advertencia o si ya lo iban a buscar. Él escapa saltando una medianera, pasa la noche en lo de un vecino, pero a la mañana vuelve y al mediodía sale una nueva edición de El Actual denunciando, nada menos, y en primera plana, el atentado sufrido horas antes. Esto les dio la pauta a los sicarios del nuevo régimen terrorista de qué tan seriamente Tilo se tomaba el periodismo y lo que Walsh llamó “la obligación de dar testimonio en momentos difíciles”. La misma seriedad y compromiso con la que quince y veinte años antes se tomó la poesía.

Y así como lo hicieron desaparecer de la literatura en la segunda mitad de los 50, lo hicieron desaparecer físicamente, del periodismo y de la vida, casi veinte años después, a 48 horas del atentado y del golpe, el 26 de marzo, a los 44 años, 1 mes y 23 días de edad. E insisto en que hay que ver la continuidad de una matriz violenta, intolerante con los diferentes, que atraviesa transversalmente nuestra historia y nuestra cultura. Porque, quien más quien menos, todos tenemos responsabilidades y deberíamos hacer el esfuerzo de empezar a ejercitar esa tolerancia que nos falta para vivir en una sociedad mejor.

MI LIBERTAD Y NINGUNA OTRA COSA 

Lo último que me parece esencial contar sobre Tilo Wenner: Tilo Wenner era un libertario, un anarquista. ¿Y esto qué quiere decir? Me lo explicó una vez una de sus hijas en una entrevista: “Mi papá no tenía la cabeza de un militante, que tiene una apertura de 45 grados. Él tenía una apertura de 180 grados. Era un intelectual”. Así lo describe la hija. A la casa de Tilo, a su vez redacción de El Actual, la llamaban en Escobar en aquél tiempo “la jabonería de Vieytes”, en alusión al lugar donde se reuniera la intelectualidad porteña que discutía cómo hacer la revolución de mayo de 1810. Era un lugar adonde iba gente de distintas orientaciones políticas, de todas las organizaciones comprometidas con la transformación social y discutían muchísimo pero siempre con respeto. Y Tilo era un poco el que moderaba esas reuniones, que hoy son casi inconcebibles. Aquella revista que mencioné, La Danza del Ratón, afirmaba que Wenner era comunista, pero no lo era, les pasaron mal el dato. Hay quienes han dicho que era radical y quienes han dicho que era peronista, pero no era ni de uno ni de otro; tenía simpatía y respeto por los peronistas, de hecho dio empleo a varios cuadros de Montoneros en el semanario, pero él no lo era. Me lo ha ratificado Blanca Buda, quien pasó dos años en un centro clandestino de detención y que me dijo: “yo sí era peronista, a muerte, me tiraba al río por Perón, pero Tilo tenía otras ideas”. Era anarquista y de eso se da cuenta cualquiera que lea su obra, tanto sus libros como sus editoriales periodísticos. Pero más importante: era un hombre insobornable, abierto, solidario; alguien a quien hay que conocer, a quien está bien honrar y que puede ser, para cualquiera de nosotros, si lo queremos, un ejemplo. Gracias.

Hasta ahí, mi intervención.

Hace años que el PJ de Entre Ríos intenta apropiarse de la figura de Tilo Wenner, sumarlo a su lista de mártires. El “malentendido” que tanto han alentado había quedado aclarado.

Mi amigo lee un poema, el más alegre que encontró, según me comenta. Tres o cuatro manos (una de ellas, una de las mías) tironeamos las cintitas, la tela cede, la placa “Biblioteca Tilo Wenner” queda al descubierto. Aplausos. Fin. Disgregación.

NUNCA PERTENECERÍA A UN CLUB QUE ADMITIERA COMO SOCIO A ALGUIEN COMO YO

Los militantes no saben si felicitarme o agarrarme a trompadas. Unos pocos optan por lo primero, el resto decide que tiene otras cosas que hacer. Estoy a salvo. Idéntica reacción de los señores funcionarios: estrecho dos o tres manos; a una señora que cumple funciones de editora en el Consejo General de Educación le digo que me busque por facebook, si le parece, y que nos juntemos a charlar cuando quiera, sin plazos, sobre una eventual publicación de la obra completa de Tilo Wenner, algo que estaría bueno que pudiera llegar a todas las escuelas de la provincia. Se lo digo no para que me llame realmente, sino para que sepa que yo sé que podría llamarme pero que no lo va a hacer. Es quien más sonríe. Quien menos sonríe y de hecho parece enojada es la intendente, que se retira muy pronto. No soy una de las personas de las cuales se despide. A ella le ha quedado más en claro que a nadie que fue como frutilla del postre a un acto de militancia partidaria y que ese acto se convirtió en otra cosa: una clase de la que fue alumna, una crítica solapada a la militancia, una vindicación del anarquismo frente al peronismo… todo cuando de la nada apareció un don nadie que copó el micrófono, desvió todo e hizo que su autoridad y cometido pasaran a segundo plano.
Nos vamos. Le comento al ex preso político que sus palabras me llegaron. Hablamos sobre aquellos años tan duros. Pregunto cosas que siempre quise saber y nunca tuve oportunidad de preguntar. Me responde generosamente. Me deja en la puerta de casa. Cuando ya he bajado me dice: “La nuestra, AFADER, es la única asociación de ex detenidos en el país que no hace distinciones partidarias. En otros lados están todos reunidos por organización y no hay forma de juntarlos. Pero nosotros no le pedimos carnet a nadie”. Entiendo la indirecta, el reproche. Le digo que quiero volver a charlar con él, que gracias, que chau, que cuidate. El hecho de que no lo viera como al resto −es decir: como un burócrata oportunista, como un mercader de los derechos humanos−, el hecho de que me inspirara respeto, impidió que acudiera a mi boca la respuesta que habría sido consistente con mi discurso de un rato antes en la escuela: “Espléndido que no le pidan carnet a nadie. Pero si la gente lleva un carnet, tampoco hay por qué quitárselo”. Entré a casa.

POESÍA DE TILO WENNER

OCTÓGONO FOSFORESCENTE

De los cabellos pezuñas endiabladas,
corazones
configurados por la ausencia de los sonidos
en la flor azul sobre el tejado rojo
Los moribundos
no alcanzaron la altura del disco rayado
De los peregrinos
sobre
las huellas bajo los tallos gigantes
en las axilas de la mujer santa.
De los desfiladeros del perdón
en las fronteras
batidas por el avance
de los filos
de la consumación entre el hombre y la mujer
De los triángulos
consagrados al campo de descenso
para tempestades continuadoras invencibles
en el oficio
de lámparas de hacer la noche.
El mar
nunca tuvo en cuenta la odiosa plegaria
del fabricante de ataúdes.
De los condenados
en la cárcel octogonal
confundidos en la designación llaves de plata;
de los confinados en las islas
aparecidas
cuando la luna concluía la danza
de los peces
cuando ya nadie tenía corazón
para adquirir regalos de los fáciles adoradores
de la temprana llamada
a los oídos
de la italiana recién construida
De las arañas cortesanas
en la lengua tierna
de la novia en las mejillas del prometido
en las carreteras con bellos
refugios
para las ruedas detenidas en hacer
por fin
un minucioso análisis de las manos intrépidas
En los timbres de la selva
cuando
despierta de espaldas a las costumbres
aceptadas para todos
Pero
los fijados mueren de la mordedura
del musgo
en las paredes de sus casas
De los enviados inquietantes
cuando
la paz lograda es una cinta comestible
con la fosforescencia verdosa
en la melena
del asesino furtivo.
de la carrera libre
por los ascensos en la continuación del mar
Cuando imagina
es una piedra
Amanecer de la maniobra inevadible estallido
del trueno agudo

CORRESPONDENCIA DEL FUEGO

Mientras yo te miro, tú muestras tu alma.
Tus detalles más pequeños me conmueven;
por ejemplo, un cabello sobre tu frente, un
lunar en tu vientre.
Todos los días te descubro y describo;
al día siguiente vuelves a ser la desconocida.
Nunca faltaré a tus citas.
Nada me parece inútil en ti.
Lo revelador es el modo como compones tu
imagen.
Decir que eres la dueña de las nubes, es
apenas indicar uno de tus atributos.
Todo lo que tocas se convierte en correspondencia
del fuego.
Tus manos lucen mejores que las estrellas
en una noche de verano en el mar.
Estás llena de señales; eres como un mapa
de un país imaginario.
Eres transparente y sabia.
Tu sangre es mansa y volcánica.
Eres tan cambiante como la permanencia.
Lo que reflejan tus ojos es lo distinto que
podría ocurrir.
Siempre estás abierta.
El magnetismo que irradias contamina a todos
los que se te acercan.
Escandalizas con tu inocencia al cielo y la
tierra.
Brillás más que una garza en un plenilunio
de otoño.
Eres como una lluvia imprevisible.
Amo cada uno de tus momentos.
Eres real, y sin embargo eres la ilusión
perfecta.
Eres niña como un gran pan de azúcar.
Cuando tú me miras callo y sonrío.

MALDICIÓN DEL MOLUSCO

Los muertos no dicen esta boca es mía
Sus dulces consecuencias no laten entre los pastos
No respiran
¡Reino incorregible!
Consume la vida no dice adiós
Todo resta entre nosotros
La gran voz de trueno cae con sus claves
¡Imposible cultivo del engaño!
Un avance sin ser.
La constancia consume su instancia
Tormento en la puerta atornillada
Sin brillo
Plata de pasar las manos
Cada noche la alegría suspira
Antes dormir a la caricia del sueño
Delicioso expirar del revólver
¿Quién llama a la llama?
El caracol: siempre el mismo atesorador
Del silencio.

POESÍA DE MARCELO MANGIANTE

MAÑANITA DE BAGDAD 2-0-0-3-2-0-0-3
“Se llama poesía todo aquello
que cierra la puerta a los imbéciles”
Aldo Pellegrini

Hoy le compré a Texaco
20.000 piernas de niño iraquí
mañana es el día mundial de la poesía

No preguntes por qué
una gota rebalsa 200.000 vasos
no preguntes por quién
se desintegran 200.000 campanas
dedícate a soñar esta noche
que nadie lo va a notar

Mañana llega la primavera a esos nortes
el invierno a tus hemisferios
mañana es el día mundial

En la tele hay un desfile
de modelos de primavera
hoy compré pedazos

Toda la noche voy a hablar spanglish
el idioma de los no deseados
delictivos, incesantes

e-mails en blanco
sin bandeja de entrada posible
como misiles de punta en blanco
dirigidos a nadie
sin blanco, de punta
como el grito de la moda
sin la moda del grito

Hoy soy profeta
mañana no sé
mañana es la noche mundial
ni Greenpeace va a proteger estos centauros

No preguntes por qué
se toman una dosis de PBI
subastan una sobredosis de PBN
no preguntes por qué soy piel roja
ni por qué te violan Bagdad

un dedo hace pedazos una mandarina
no preguntes por qué esa torres
no preguntes por qué esas
nunca hicieron bushhhh

A vos te quieren de paratexto
menos que eso
que no seas siquiera lunfa, margen, fracaso

que se callen los relatos
el uno y los mil
que tus noches, mudas
salgan a mendigar un dialecto
con el que sea imposible hablar
toda la noche voy a hablar

nunca el papa de escudo humano
mañana es el día mundial de la Texaco
hoy compré
pedazo
de imbécil.

NO VENTA VECES NO VENTA

hay que saludar a todo el mundo
hola, soy Prometeo
y prometo no tener nada que decir /

hola, soy Pilatos
y quiero recomendarles un nuevo jabón
verdaderamente revolucionario /

hola, soy Sade
y me cago en el Kama Sutra /

hola, soy la Reina de Inglaterra
y les presento mis toallitas íntimas
para que menstrúen azul /

hola, soy Umberto Eco
y la rosa no tiene nombre
pero tiene, eco, eco, eco /

hola, soy Van Gogh
y les pido que oigan a mi oreja
que no tiene oído /

hay que creer en toneladas de brillantina
ajustarse a los 90-60-90
y exclamar todo pasa y todo queda
pero lo nuestro lo nuestro es vender /

hay que comerse vértigo y dolor
hay que decir está todo conectado
y ser el dueño de la silla eléctrica.

HOGUERA DULCE... II

Mirá para arriba
así te transo la perita.

Ahora mirame a los ojos
así jugamos a las narices espadachinas.

Por último
mirá el suelo
así ves la mugre que hay
y limpias un poco, bicha.

Luis Vilchez - Poesía Periodística (Parte 1) - Dardo Sebastián Dorronzoro: El Poeta Herrero

Poema Dedicado a Dardo Dorronzoro

Tus ojos


No son solo dos pupilas diminutas

marrones ósculos testigos de mi desnudes

y de tus historias con ollas abundantes


no son solo un candoroso indicador de amares

que conduce a un mar profundo de besos baboseados


no somos solo dos: nosotros y los otros

acurrucados a una cama

acariciando tu mirada


tus ojos -corazón- son nuestros ojos

son los que lloran porque no hay trabajo

son nuestro pueblo desesperanzado

son los que brillan cuando marchan 

o los que agitan memoria protestando al olvido


tus ojos -aguerridos- 

los que abrazan la poesía 

y que escriben canciones de amor 

para mis ojos


tus ojos -los que no se prostituyen con desesperanza-

los que miran el futuro con amor

los que ríen con los ojos de alegres alienados

los que lloran con los ojos de los tristes cuerdos 

          

tus ojos -muchachita- son más que un órgano de la visión 

una vesícula -una cámara cerrada-

o esa transparencia que da acceso a la luz de las miradas


tus ojos -amorosos- 

dos sensibles retinas dispuestas a abrazar la luz

una forma de la imagen del amor

nosotros -con tus ojos- somos lágrimas 

llorando en un romántico café de enamorados 


tus ojos -los que ríen cuando lloran-

los que caen y se levantan

los que lloran cuando ríen o viceverso 


y yo en este desesperado oficio de poeta

juego a que tus ojos no me olvidarán jamás

pensando que siempre me miran amorosos


y en esta triste ciudad manipulada

por los crueles villanos del olvido

me voy acariciando la belleza

de una paloma que me ofrece libertad

y un girasol que alumbra esta poesía

donde descansa la desnudes 

de tu mirada otoñal

Texto extraído del libro "Poemas de amor para una olla vacía", Luis Vilchez, Ediciones "Madera y verso", año 2008 


Ya van 39 años del golpe militar en la República Argentina, un 24 de marzo de 1976. Les convidamos a Dardo Sebastián Dorronzoro. Pensamos que en su vida y en su obra, se reflejan las memorias de tantos poetas de nuestra historia que lucharon por un mundo mejor.



Dorronzoro nació en San Andrés de Giles en 1913, provincia de Buenos Aires, Argentina, en el seno de una numerosa familia socialista que termina instalándose en Luján a causa de las presiones por sus ideas políticas. De oficio herrero, trabajaba en su taller todas las mañanas y por la tarde se dedicaba a la poesía. Formador de jóvenes y amante de la vida. Inmenso enemigo del régimen era aquel hombre de 63 años que tenía la pava siempre lista, la puerta abierta y los versos ardientes. (Como el poeta Pablo Melto, a quien mencionamos en la primera columna de Poesía Periodística).

En el año 2010, formó parte del Libro “Las Hojas”.

Compilación de Testimonios, notas, poemas, cuentos, crónicas varias, de escritores de la década del 60 y 70 que publicaron en la Editorial Papeles de Buenos Aires, Ediciones La Pluma y La Palabra dirigida por el poeta Roberto Santoro y escritores que han publicado en la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento dirigida por la escritora Mónica Algarbe y quien suscribe. Año 2010. Décimo segundo libro de la Colección Libros de la Calle. Juana Koslay, San Luis, Argentina. Ver más haciendo clic acá.

A pesar de las amenazas, de las listas negras pegadas en la noche encubridora de la ciudad como oscura advertencia, de su primera desaparición, de la destrucción de parte de sus libros, Dardito eligió quedarse. No era ignorante del riesgo ni de la brutalidad de los enemigos, sabía que las palabras verdaderas, aquellas que se transforman en banderas de los oprimidos, son un peligro real para los hacedores de injusticias. Sus vecinos, la familia Monzón, aún recuerdan esa noche de marzo, cuando irrumpieron en el barrio: “La madrugada que se llevaron a Dardo por primera vez sentimos terror; por la ventana vimos a los tipos encapuchados, a Nelly (su compañera) la dejaron con la cara cubierta; nosotros entramos después de un rato largo y Nelly estaba sentada con la capucha en la mano llorando, las paredes y la vereda escritas. (...) Dardo apareció al tiempo, por el lado de Junín y nos contó que les hacían simulacros de fusilamiento y que les decían que se tenían que ir del país”. Los versos encontrados por su compañera en la máquina de escribir de Dardo, luego de su segunda desaparición forzada, constatan que preveía lo que se cernía sobre sus vidas: “Desde hace tiempo siento la amenaza/ de ese viento sobre/ la luz de mi lámpara, sobre esa luz que apenas/ me alcanza para no perderme/ entre las garras del mundo, entre los dientes/ de esa inmensa muchedumbre de los lobos en la sombra”.

Fue secuestrado el 25 de junio de 1976, pero había sido secuestrado anteriormente en su casa situada en el barrio La Loma de Luján. A principios de marzo de 1976 actuaba en la zona una brigada denominada Bruno Genta, conformada por personal del Regimiento 6 de Infantería del área 115 de Mercedes. La brigada había amenazado primero y secuestrado después a una decena de militantes lujanenses. Fue secuestrado el mismo mes que desaparecían Francisco Urondo y Miguel Ángel Bustos.

Dardo, n poeta comprometido con su pueblo, con la palabra. Referente para quienes nacemos la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento, en Juana Koslay, San Luis, Argentina (www.revistaculturalelviento.blogspot.com.ar). No fue un poeta de café, de té o círculos cerrados. Es un poeta de la lucha y el trabajo que dijo que “sobre su tumba verán florecer un puño”. Y así fue. Hoy varios seguimos su camino… al menos en intento.

“Hay hombres imprescindibles. Dardo fue uno de esos hombres imprescindibles. ¿Por qué? Porque con su herrería decoró algunos rincones de su ciudad. Porque con su poesía realzó las grietas de su pueblo. Porque su casa, de puertas abiertas, permitió la reunión, el debate y la formación de jóvenes que en los setenta iniciaron su militancia política. Porque Dardo fue un provocador de encuentros”.

Declaración Jurada

No es solamente la luna ni el rocío ni la luz celeste de los pájaros, puede también ser una alpargata vieja, toda agujereada, toda casi muerta después de andar fábricas, andamios o duros y calientes caminos de noviembre. No, no necesariamente todo lo poético debe ser bello.

Yo he visto horribles chicos grises como la tierra comiendo tierra, yo los he visto ahí, con sus andrajos y su mugre, reptando, y los he tocado, acariciando su piel y convertido en ángeles, en mariposas, en viento de septiembre. Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo para el alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre.

Pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos. Yo soy un poeta que ama a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en las manos y salen a morir por la vida.

En suma: yo he sido, soy y seré un poeta revolucionario.

Sobre mi tumba verán florecer un puño.

Mientras me Matan

Comenzaron a matarme de a uno hace muchos siglos,

después de a setenta, después de a quinientos,

hay que ver cómo me matan ahora de a miles en cada esquina,

en cada feriado,

cómo fabrican sueldos y galones con los huesos que me quedan,

cómo fabrican calabozos para poner algún rincón de mis pantalones,

y cómo se turnan entre gordo y gordo para

ver de qué ojo muero primero,

pero resulta

que cada vez soy más uno de los otros,

uno de los que nacen y renacen y vuelven a nacer entre los fuegos,

que cada vez tengo más luz, más pájaros, más flores en la puntería,

que cada vez

me soporto más elegantemente entre los fierros y los veranos,

y hay veces que me pregunto -me digo para mí- si ellos

no harían mejor en cambiar de uñas y de cuentas,

de andar de peldaño en peldaño hacia abajo de las luces,

o en comprarse una sangre nueva, una sangre más limpia

para usar en feriados y domingos.

Todas las Mañanas

No me cortarán el viento de los ojos,

yo te digo;

no me cambiarán de azul la torre de los pinos,

ni manejarán palomas con las nubes de mis dedos.

Yo soy todas las mañanas de los hombres, te digo,

todos los inviernos, todos los eneros,

yo soy una sangre perdida en la calle más antigua,

una espuma de llanto y una tos en los jergones;

yo soy para siempre en mi último camino.

El Hombre Libre

Estaban los dos hombres en un calabozo.

—¿Por qué estás preso? —preguntó uno.

—Porque soy libre —contestó el otro.

—¿Y qué es la libertad?

—La libertad no existe, como no existe el hombre. Sólo existe el hombre hambriento y el hombre libre.

—¿Y qué es ser un hombre libre?

—No decir y no hacer lo que los hombres libres quieren que uno diga y haga.

—¿Y si te obligan?

El hombre libre se rió.

—Precisamente —digo—, ahí está la fuerza del hombre libre. Nadie puede obligarlo a decir ni hacer lo que no quiere.

—Sin embargo —dijo el otro, ahora, por ejemplo, te obligan a no estar con la mujer que amas.

—¿Y quién te dijo —contestó el hombre libre— que no estoy con ella?

Fuente

- Llibro Las Hojas, Testimonios. Año 2010, Ediciones libros de la calle, Juana Koslay, San Luis, Argentina.

- Abanico, revista de letras de la Biblioteca Nacional, año 2005.

- Número 27 de la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento, año 2008.

- Carpeta número 28, Una Sangre para el día, de la Editorial Papeles de Buenos Aires, Colección La Pluma y la Palabra, dirigida por el poeta desparecido en la dictadura militar en 1977, Roberto “Toto” Santoro, año 1974.

- Revista Sudestada Nº66-Marzo de 2008.

- escomberoides.blogspot.com.ar

Por Luis Vilchez - Poesía periodística (parte primera) - Pablo Melto el poeta de "El Viento"

¿POESÍA PERIODÍSTICA?

Esta tarea de hablar de poetas y elegir un poema que nos llegue al alma, no la voy a poner en juicios puramente objetivos, ya que pretendiendo la neutralidad, pienso que uno la traiciona desnudando sus propias certezas.

Por qué (entonces) usted se preguntará esto de qué es la “poesía periodística”. Es imposible despegar al poeta del hombre común, con su inevitable inserción en la cambiante realidad de su país y el mundo. Esa realidad que seguramente luego se reflejará en lo que escribe. Esto lo he notado en estos años de dirigir las revistas antes mencionadas. Recibir obras maravillosas de autores puntanos y de otros cielos, que no les hacen “oído sordo” a la problemática social, política y cultural que estamos viviendo, fue todo un placer. Este compromiso se refleja en sus poesías.

Siempre me he preguntado: ¿qué hacemos con estos textos que están cruzados permanentemente por los discursos sociales, por consignas políticas, por el periodismo? Al leerlos ya no podemos decir: esto es un poema, porque no es un discurso político, ni noticia periodística, tampoco una narración. En realidad en estos poemas, lo límites entre los géneros se diluyen.

Tomar partido contra la rima forzada, el academicismo, el contenido hueco, el formalismo excesivo, etc.

Con nuestras publicaciones “Ediciones Libros de la Calle” (ya van 18 libros, enchapados en madera, adheridos a un cartón y con serigrafía, en unos casos) preferimos publicar a los poetas que no perdían el rumbo de la poesía, por cuidar lo exterior y que discuten al mundo sin “pelos en la lengua”
.

EL POETA, AMIGO, MAESTRO, HERMANO, REFERENTE

Melto es el gran orador popular, poeta, que tienen los puntanos. Nació en Yerba Buena (Tucumán) el 6 de marzo de 1942 y se radicó en San Luis en el año 1970. Hombre que estremece en recitales de poesía y que trata de fomentar la oralidad en la literatura. Se encontraba en el proyecto de hacer su primer libro, de forma independiente. Proyecto que pudo concretar en el mes de marzo de 2006, presentando "Palabra Peregrina", un conjunto de poemas que fueron concebidos primero como palabra oral y luego fijados en el papel. Es un intento de volver al rescate de la memoria: como tradición oral pero también como reflejo de acontecimientos que no deberían repetirse "nunca más". Tiene una unidad temática que parte de la existencia individual donde la palabra es generadora de vida y recorre el camino de la experiencia colectiva, donde el Verbo, haciéndose carne, denuncia las injusticias y muertes del hombre como humanidad, como pueblo y como raza en proceso de liberación. Es peregrina porque intenta un camino de búsqueda hacia la plenitud de este ser humano que en esta historia es siempre inacabado. Participó de una Antología de poetas inéditos, con el nombre de "La marcha", el año 2004. Docente y poeta amado y respetado por sus alumnos, admirado por otros docentes, y también discutido por otros. Es un poeta para escuchar. Es el poeta para ver y disfrutar. Es nuestro. Es de EL VIENTO.

En estos duros tiempos que están atravesando las y los decentes de San Luis y del país, vale la pena compartir este poema, que es una reflexión sobre la verdadera función social que debería cumplir un maestro.

En el principio era la palabra. Hubo un maestro que se llamó palabra y hay una vocación donde la palabra es generadora de vida.

Para todos los que hacen de la palabra una celebración para la búsqueda de la verdad y de la libertad, la palabra celebra la palabra.


POEMA XXVIII

Quiero cantar con ustedes en voz alta

un canto de vida y esperanza.

¡MAESTRO!

Alfarero nos llamaron en un tiempo

en que al niño confundían con un plasma,

que unos hombres moldeaban con sus manos

dándole forma que le daba gana.

Forma de mente semejante a sus mentes,

voluntad de hierro para un futuro duro,

repetidor de fórmulas eternas,

sabedor de todo cuanto existe...

Estatua bella y perfecta en sus perfiles,

aunque fría, sin vida y de alma triste.

Incapaz de pensar algo por sí mismo

su esbozo será siempre una figura

pero nunca creador de su estatura.

Cántaro de agua para recibir lo ajeno,

pero nunca vertiente que refresque con lo suyo.

Barro plasmado para esconder la vida

pero nunca simiente que engendre la hermosura,

sempiterno signo de una imagen muda,

de un cuerpo muerte, inmóvil, sin ternura...

Masa pendiente del capricho de unas manos

pero nunca gestor de libertad madura.

¡MAESTRO!

¿Por qué el mundo nos llamó alfarero?

No será porque siempre nos prefieren,

dando aquello que a veces no tenemos?

¿No es mejor que plasmar lo ajeno,

despertar lo propio, descubrir lo bello,

caminar juntos hacia lo verdadero?

¿Por qué nunca nos llamaron levadura?

¿No será por temor a que fermente,

hinche la harina reventando moldes

y haya muchos que entonces se alimenten?

¿Por qué nunca esta acción han comparado

con la vida y el sabor de una simiente?

¿No será por temor a que los campos

regados al calor del agua clara

hagan surgir gigantescos árboles

que no se quiebren si los sacude el viento;

que no se doblen si la tormenta acecha;

que claven su raíz en tierra fértil;

que erguidos surjan con su propia fuerza

sin quitarle la vida al que a su lado crece;

que extiendan sus ramas con su propia sombra;

que alimente su tronco con su propia savia;

que florezca solito en primavera;

que de frutos sabrosos en verano;

que asuma la tristeza del otoño

y la dureza del invierno, aunque se muera...

¡MAESTRO!

¿Por qué el mundo nos llamó alfarero?

¿No será porque siempre nos prefieren

dando aquello que a veces no creemos?

¿No es mejor que plasmar figuras,

compartir la fe, la vida y la esperanza?

¿No es mejor que imponer conocimientos,

perseguir la verdad que no se alcanza?

¿Por qué nunca nos llamaron VERBO?

¿No será por temor a la palabra

que se ha hecho carne en la humanidad entera

y de todos los dominios nos libera?

¿No será porque ésta regenera,

busca la luz que a la verdad devela,

encuentra la fuerza que a la verdad derrota;

halla la paz y la belleza suma,

matando a los egoísmos de las ansias locas?

Si el mundo alguna vez en su locura

nos llamó por error un alfarero,

fue para usar sin duda alguna

el dominio que el poderoso tiene;

ocultar la verdad que la realidad posee;

cambiarle en sentido a la cultura;

escribir la historia con el filo de una espada:

no cambiar en los hechos la estructura,

hablar de cambio, no cambiando nada.

Si en cambio nosotros le imponemos

a la docencia de nuestro cada día,

el nombre que nadie nos decía:

de SIMIENTE, LEVADURA o VERBO

una historia distinta forjaremos:

¡LA HISTORIA PURA DE UN ETERNO MAGISTERIO!

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