16 de septiembre de 2015

Por Luis Vilchez - Emilio Fernández Cordón, la belleza y la palabra - Poesía Periodística (Parte 23)


Viajero (Poema deificado a Emilio Fernández Cordón)

Viajando sin un peso en el bolsillo
me voy poniendo viejo

como si fuera un caminante
enamorado de la lluvia

me caso con los ojos
de la mujer que amo

y me abrazo a las lunas
de sus pechos de seda

palpito desventuras en medio del camino
de un país que nunca supe 

y voy cayendo
en las trampas de la historia

ya me envolvieron muchos
en un paquete de regalo

con destino a la basura
de un mundo de insanos

esos falsos gobernantes
que encontré en el dedo a dedo

de dos mundos
que la ruta me brindó

pero resisto
soy un hombre nuevo

llueve
pero la lluvia no ha borrado / las sendas de tu cuerpo

y yo / pájaro / vuelo / sin rumbo
ni destino

sentado en un costado de la ruta
escribo este pedazo de memorias

no hay prisa
corazón

este caminante / viaja lento... pero llega

deberé tatuarme el alma con tu rostro... para no olvidarte

Poema extraído del libro “Como si fuera el fin del mundo”, Ediciones Libros de la Calle, año 2013, Luis Vilchez


  
 El Emilio visitó Juana Koslay en agosto de 2014, vino a participar en los ciclos de Arte y Memoria que realizamos con la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) “El Viento”. Un año antes el poeta había publicado unos relatos cortos en la revista. Toda una alegría poder gozar de tan bella obra literaria. Toda una felicidad indescifrable poder convidarla a nuestros lectores. Solo nos faltaba conocerlo personalmente para culminar una amistad de mar. Así fue.

   Se lo veía muy contento de estar de paso por San Luis y fue una gran satisfacción conocerlo a pesar de que se notaba muy enfermo. Decaído. Como si fuera este paso por las sierras puntanas una despedida. Sentimos que él tenía mucho afecto por la poeta mendocina Mariela Zobin (integrante de la revista) y que por ella había viajado a nuestro abrazo – cosa que agradecemos infinitamente- .

   Un par de meses después falleció. La gente se muere – es cierto- pero esa costumbre pesa, sobre todo cuando se va –en nuestro caso- un poeta.

   El escritor nació en el departamento de San Martín, Mendoza, desde pequeño, fue un lector apasionado. Estudió abogacía en Córdoba, luego de un breve paso por las aulas de medicina. Después de andar por caminos diversos, siempre con el sueño de ser escritor alborotándole sus cielos, tomó la decisión y se dedicó en exclusivo a la escritura. “Sé acabadamente que la vida no tiene sentido. Y que es inevitable intentar darle uno. Por eso, antes de que se me fuera sin, en plena mitad de mi adolescencia, apenas pasados los cuarenta, me lancé a contar...” dice en su libro “Cuentos para matar... el tiempo”.

   “Uno escribe con la infancia, con la memoria -selectiva, claro-, con sus sueños, su cultura, sus éxitos y sus fracasos, con sus pesadillas, dolores, desgarros y duelos. Uno escribe con lo que es. Con lo que tiene en el inconsciente. Con sus amores. Y con sus muertes. Uno escribe.” Infiere en una entrevista. En la misma, más abajo: “No podría vivir sin escribir. Es una pasión, una vocación, una obsesión, una pulsión, un desafío, un compromiso y una apuesta. Un profundo ejercicio de libertad, un sueño, un vivir muchas vidas además de la propia. Y un remedio para todos los males. Escribir salva.”  Ante la pregunta del para qué escribir, responde: “Para vivir, para exorcizar demonios y pesadillas, para comunicarme. Para decir lo mío. Para intentar conmover, estremecer a alguien, tan siquiera a uno solito. Para que me recuerden mis hijas y nietos. Para cambiar el mundo. A pesar de saber que ningún libro lo cambió, aunque algunos lo hicieron mejor.”

Obra de Emilio Fernández Cordón

   “Vacaciones fantásticas” es uno de esos, de los que ayudan a embellecer el mundo.
El protagonista, Luciano, es un niño mendocino, que viaja, junto a algunos de sus compañeros de la escuela, a la mítica Villa Las Luces, localidad montañesa, presente en varios cuentos de el emilio. El chico, desde la cama del hospital pediátrico, detalla a su papá, que vive en España, las vivencias de sus vacaciones mágicas. Y lo hace con un lenguaje accesible, pero pleno de poesía.
El relato de Luciano muestra mucho más que una aventura. En él aparece lo fantástico que está presente en nuestra cultura –nada de supermanes, ni brujas medievales, ni dragones chinos-. Exalta la amistad, la solidaridad, el respeto a las nuevas organizaciones familiares. No desdeña la tecnología, al contrario, la imbrica con las tradiciones propias de la región. Deja deslizar, sin  alusiones explícitas ni panfletarias, el respeto por la naturaleza. Y por supuesto, además de las correrías, se habla del amor.
La cálida narrativa, que entretiene y conmueve, se enriquece con las bellas ilustraciones de la artista plástica Laura Rudman Belmes.
“Vacaciones fantásticas” es un libro que encanta a niñas y niños de todas las edades. Un material imprescindible, si se pretende bucear en la literatura hecha en Mendoza.



El sueño de los pájaros

   A los cinco años, Mora tuvo con su papá una charla que no pudo olvidar. Había soñado con sus compañeritos de escuela y quiso saber qué eran los sueños. Juan, su padre, con paciencia y usando como ejemplo un álbum de fotografías, logró que la nenita comprendiera. El problema fue al otro día, cuando Mora vio dos gorriones sobre el parral del patio. Y fue corriendo a preguntarle a Juan con qué soñaban los pajaritos. Y siguió preguntando. Nadie, entre maestros, parientes y vecinos, supo qué contestarle.
   Cuando Mora cumplió treinta y cinco años, siendo ya una famosa ornitóloga, logró entender el lenguaje de las aves. Entonces puso aparatos en varios árboles para grabar lo que conversaban los pájaros.   Después, con mucho trabajo, descifró y tradujo las grabaciones. Y, con gran sorpresa, encontró una en la que un pajarito preguntaba: “Papi, ¿con qué sueñan los seres humanos?”.

Hecho en Mendoza en noviembre de 2006.
Publicado en febrero de 2007 en el libro:
“MI LIBRO –Tercer Año - Primer Ciclo - EGB”.
De la DGE. Mendoza.

Mago, el héroe de los gatos

   Mago era un gato común y corriente y, como a todos los gatos, le gustaba salir por las noches a jugar y correr por los techos de las casas. Como era muy bonito, negro y con manchas blancas en la nariz, tenía muchas novias y los otros gatos, de puro celosos nomás, no le hablaban ni lo saludaban. Una tarde, Mago perseguía un ratón por la vereda cuando vio que un auto venía muy rápido y podía atropellar un gatito que cruzaba la calle. No lo pensó ni un segundo y, saltando como un mono y corriendo más veloz que una liebre, empujó al minino con sus patas, salvándolo. Pero, en la maniobra, no pudo esquivar las ruedas del coche que le pisaron la cola dejándolo desmayado de dolor en mitad de la calle. Juan Gabriel, el niño dueño de Mago, llorando y pensando que su querido gato había muerto lo alzó y lo llevó, entre sus brazos, al veterinario. Una semana después, Mago ya estaba de vuelta en la casa de Juan Gabriel pero había un problema: no tenía cola.  Como estaba quebrada en muchas partes no habían tenido otro remedio que cortársela y más que un gato parecía un conejo. Pasaron los días y Mago no quería salir, le daba vergüenza porque creía que se reirían de él. Hasta que una tarde oyó que lo llamaban a maullidos. Brincó por la ventana y se encontró con que todos los gatos del vecindario lo aplaudían y lo felicitaban porque era un héroe que había arriesgado su vida por salvar un gatito. Desde entonces, Mago, el gato valeroso, es el gato más popular del barrio y sigue teniendo muchas novias. Y, ahora, también muchos amigos.  

Hecho en Mendoza en noviembre de 2006.
Publicado en febrero de 2007 en el libro:
“MI LIBRO –Tercer Año - Primer Ciclo - EGB”.
De la DGE. Mendoza.

“Querido papá:
Me dijo mi mamá que estás preocupado porque te enteraste de que estoy internado en este hospital. Pero no estés triste, estoy lo más bien. Y muy contento con las aventuras que vivimos en las vacaciones, y porque encontramos fantasmas y muchas cosas más.
Mi mamá me dijo que, para entretenerme, podía escribirte una carta, o muchas. Le pidió permiso al médico que me atiende y le contestó que bueno, que si quería te escribiera, así que, una de las enfermeras que me cuidan, me trajo esta computadora portátil con la que te estoy escribiendo. Es finita y liviana, me contó el doctor que es de su hijo que se fue a vivir a Canadá y que me la presta y que la cuide mucho. Claro que la voy a cuidar mucho, es muy linda. Me cuesta encontrar las letras pero igual me gusta. Además, me dejan sentar en la cama para escribir y puedo ver por la ventana lo bonito que está el final del verano porque se va pintando todo de amarillo. Y también las hojas en los árboles y las hojas caídas en el jardín de afuera del hospital. Y también veo los pajaritos y las palomas y, más lejos, las personas que andan con su vida por la calle. Y los autos.
Mi mamá me dijo que vivís en España que queda en Europa. Y que tenés una esposa nuevita, y chica como una muchacha, que está esperando un bebé que va a ser mi hermanito. Ojalá cuando salga de la panza de su mamá salga sano y muy lindo. Después que salga, sacale una foto y me la mandás así lo conozco. Algún día voy a ir a España a conocer a mi hermanito y a su mamá tan chica. Y te voy a dar muchos besos. Y a él también. Y a ella también.
Mi mamá se ha puesto de novia con un señor muy bueno que se llama Abelardo, pero le dice “Gordo” porque es un poco bastante gordo. Trabaja de profesor y es muy simpático y me trae libros para leer en el hospital. Que me gusta mucho leer libros de aventuras y también de poesías que me regustan las poesías de palabras bonitas.
Me acuerdo de que, cuando vivías con nosotros, con mi mamá y conmigo, siempre estabas leyendo un libro o una revista y también mi mamá lee libros y revistas y por eso debe ser que me gusta tanto leer y que todavía hay muchos libros en mi casa de nosotros.
Lo que no me gusta...”
Fragmento del libro “Vacaciones fantásticas”

“Querido papá:
Me gustó mucho que me llamaras por teléfono, menos mal que en la habitación hay uno que es blanco. Claro, vos no viste el color. Pero no gastés tanta plata de España, escribime y listo. Qué bueno que tu esposa española, que se llama Mercedes, esté de lo más bien y también mi hermanito, que recién me doy cuenta que va a ser español. Ya les voy a decir a los chicos que voy a tener un hermano español, y ellos no. Y no te pongás triste por mi salud que ya te dije que estoy muy bien y muy cómodo en este lugar.
Bueno, el primer día de vacaciones paseamos por toda la Villa. Y en el arroyo de agua fría había como mil vacas que iban a tomar agua del arroyo y se metían en el agua y no tenían frío porque el cuero que tienen es como un abrigo. Y hacían mucho ruido gritando “Muuu”... “Muuu”... “Muuu”..., que el maestro dijo que se dice mugir. Y había unas vacas bebés que tampoco tenían frío y andaban todo el tiempo detrás de sus mamás. Y también había dos señores que andaban a caballo y las cuidaban y tres perros malos, muy grandotes y negros, que les ladraban a las vacas y a los toros, que también había.
Nos divertimos mucho cuando una vaca roja y blanca...”

“Y abrí los ojos. Pero no vi a nadie. Y ahí nomás escuché una voz que decía “Luciaaanoo”... “Luciaaanoo”... y me levanté despacito y fui a ver, abrí la cortina de madera de la ventana y vi por el vidrio. Y casi me caigo de sorpresa al suelo. Afuera, debajo del techito de la galería, había una luz más brillante que las estrellas, una luz como de una sombra de fuego blanco y brillante. Y me dio miedo y le iba a avisar al maestro a los gritos, cuando la luz se fue y apareció el Benicio, como si estuviera vivo y vestido camisa a rayitas celestes y blancas y pantalón de yin y zapatillas negras. Y estaba igualito que en la foto que vi en la casa de Don Silvestre, igual de joven muchacho de cuerpo de Superman y pelo largo y de cara linda y marrón. Y me dijo “Hola, Luciano” y yo que “Hola, Benicio” y me dijo vení que quiero hablar con vos y yo que no podía abrir la puerta sin la llave, y entonces pasó algo extraordinario.
Me dijo “No tengás miedo” y...”

Fragmento del libro “Vacaciones fantásticas”

“Esa noche, después de comer, la seño Cordelia se dio cuenta de que la Julieta, que siempre es muy delicada porque es flaquita y muy blanca con miles de pecas por todos lados y siempre falta mucho a la escuela por enferma, estaba ardiendo de fiebre, así dijo. Y fueron la seño Cordelia con el señor Lorenzo en el auto de él, que costó mucho que arrancara porque es requeteviejo, y la Julieta a ver si el médico de la Aldea Ecológica podía atenderla. Y los demás nos acostamos en el pastito y nos pusimos dele que ver las estrellas tan bonitas y tan brillantes y estábamos mirando para arriba que la Guillermina estaba acostada al lado mío y de pronto le tomé la mano, haciéndome el tonto que miraba las estrellas, y no dijo nada y ni sacó la mano, y estuvimos mirando el cielo hasta que volvieron los del auto y me arruinaron la noche.
Al final, la Julieta solo estaba empachada y la señora Pepita que sabe curar el empacho la curó con una cinta diciendo palabras calladas...”


“Estábamos muy bien y la Guille sacaba fotos de todo lo que veía y, de pronto, llegaron unas nubes negras muy gigantes que taparon el cielo y escuchamos más de cien truenos, y los mayores se asustaron mucho, que venía tormenta, dijeron, y que nos fuéramos. Y cuando levantamos el picnic ya llovía mucho.
Me acordé de Don Silvestre que había dicho que siempre está cambiando el tiempo en la montaña. Y fuimos bajando que nos mojábamos y no veíamos por el agua de la tormenta y seguían los truenos, y el Agustín que le tiene mucho miedo a los truenos se puso a llorar y también la Julieta y la Sofía y el Tiago, y después todos lloraban como niños. Yo no. A mí me gustan las tormentas y mojarme de la lluvia.
Eran tan negras y gordas las nubes que parecía de noche y no se veía casi nada. Y caminamos y caminamos los cerros de vuelta, y los chicos y las mujeres iban llorando y gritando, y el maestro gritaba más que todos que nos agarráramos de las manos y de pronto empezó a correr mucho viento y todo se volaba, y parecía una película de miedo en que los niños van a morirse todos.
Caminando en la lluvia y en los truenos, íbamos llegando al puente de palos y todo el mundo gritaba menos yo...”


“Ya estábamos cerquita del arroyo río y el maestro gritó que tuviéramos mucho cuidado, y que había que esperar que bajara el agua para cruzar o esperar que alguien nos ayudara. Y seguía lloviendo como loco y la Guille no tuvo cuidado, y patinó, y se cayó al agua, que empezó a llevársela con ella, para ahogarla.
Pero yo me hice el valiente, y como soy campeón para nadar no tenía miedo de ahogarme y quería salvar a la Guille, y mientras todos gritaban “La Guiiillee”... “La Guiiillee”... me tiré nomás al agua...”

                                           Fragmento del libro “Vacaciones fantásticas”

Fuente
- www.kallfutrawun.blogspot.com.ar
- Archivo de la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) “El Viento”
- www.luisvilchezpoeta.blogspot.com.ar
-www.revistaculturalelviento.blogspot.com.ar

10 de septiembre de 2015

Por Luis Vilchez - Carlos Patiño, poesía y militancia - Poesía Periodística (Parte 22)

Carlos Patiño formó parte del grupo Barrilete, que en los años 60 incorporó a la poesía las preocupaciones del hombre de la calle, las noticias de los periódicos, los motivos del tango… el 10 de junio de 2013 a la edad de 79 años dejó este mundo corpóreo, pero quedó entre los integrantes de la revista “El Viento” su obra, su militancia poética, su coherencia, su ternura de niño.   


Este documental aborda los debates sobre la Cultura y las diferentes experiencias que surgieron en la...
YOUTUBE.COM

Reflexión (Poema dedicado a Carlitos Patiño, referente)


No tengo miedo de decir
o equivocarme

tengo miedo de callar
sin discutir el mundo

sin decir
sin hacer nada

27 / 12 / 2012


Poema extraído del libro “Como si fuera el fin del mundo”, Ediciones Libros de la Calle, año 2013, Luis Vilchez.

Obra de Carlo Patiño

Declaración Jurada

   Las declaraciones juradas se distinguen de las declaraciones a secas en que en las primeras se miente igual pero bajo juramento.
Siempre he sentido el deseo irrefrenable de mentir a rolete en este tipo de declaraciones. Jurar es algo tan ridículo que ya no lo hacen ni los chicos. Por eso, cuando afirmamos una altiva verdad, no nos atrevemos a jurarla. Porque jurar una verdad es tan innecesario como explicar nuestro poema. Y tan sospechoso. No jurar es una muestra de madurez. Lo juro.
Para mentir que soy maduro no me queda otra alternativa, paradojalmente, que no mentir en absoluto, frenando el impulso que antes aludí. Con los cuales de entrada admito una mentira. Que en realidad son dos. Porque digo “irrefrenable” cuando queda evidente que se puede frenar. No hay que creer en las declaraciones juradas.
   Pero vamos al grano y no a la paja. Olvidemos el juramento y hablemos en serio.
   Soy un poeta más. Tal vez no una gran poeta ni un buen poeta, ni un poeta siquiera. Eso yo no lo sé y seguramente seré el último en enterarme. Pero me gusta lo que hago y lo voy a seguir haciendo. La popularidad no me desvela, los honores no me erotizan, la inmortalidad me tiene sin cuidado. L inmortalidad es una broma de humor negro, una justicia necrofílica.
Servir a la causa del pueblo en la medida de mi capacidad, hoy y aquí, es lo que me interesa. Para eso escribo. Mi tarea esta consustanciada con la lucha del pueblo del que formo parte. Lo que a él le suceda, me sucederá.
   Cuando el pueblo triunfe, triunfaré yo. Dos libros de poemas, artículos y poemas diversos en diversas publicaciones, innumerables volantes, proclamas, declaraciones de principios, etc., el sentido y el objetivo de mi tarea. Eso excluye cualquier diletantismo. Mi aspiración fundamental es estar entre el pueblo, uno más, eufórico y oscuro, el día en que se agiten las banderas de la liberación definitiva.



Del torturador

El torturador
amaneció claro y despejado
desayunó con excelente apetito
perdió media hora en
cepillar sus manos sonrosadas
las cepilló hasta
dejarlas libres del último quejido
y después
discutió con su mujer sobre problemas
estrictamente domésticos
escuchó comprensivamente sus protestas
por lo caras que están todas las cosas
peinó a continuación su estría de
bigotitos
besó a los chicos y
salió
como un empleado más
a cumplir otro tedioso
torturamiento de rutina
por un sueldo de
mierda.

Del Pinochetazo

Jorge Celaya Llerena
obrero
lamenta
no estar en condiciones
de responder al imperioso
llamado de la junta que usted
tan dignamente preside
pues casualmente
esa junta
lo fusiló
ayer.

Del presidente

Dejó que los niños fueran a él;
los esperó sonriente, acarició todas
las cabecitas
y obsequió
a cada uno una bicicleta
reluciente
por la molestia.
No hubo diario
que olvidara
registrar tan revolucionaria ceremonia.

Los padres de los chicos
calcularon
cuanta comida cuanta ropa
podrían comprar
con lo que valía ese aparato
cuantos tiernos zapatos para esconder
deditos
pero ninguno se animó a
privar a las criaturas de su
absurda conquista;
aplaudieron al Señor Presidente
por tamaña grandeza
y vivaron su
nombre
escondiendo la angustia detrás
de los aplausos.

Del Executive

Se perdió presuroso
tras la puerta giratoria.

Su portafolios negro se agitaba
como una bandera de pirata.
Para ganar el pan
el poeta no
encuentra
el poema en el aire y lo caza
el poema no es un pájaro / el poeta no
recibe visitas clandestinas de números graciosos
que se instalan en su egregia cabeza
iluminándola / el poeta es
como un viejo minero solitario y muy terco
que arrastrando su mula
penetra cada día al socavón pico pala esperanza
golpe a golpe a la piedra tras la eterna quimera
e igual que los mineros
son muy pocos los que dan con la dorada veta / pero
una vez y otra vez pico pala esperanza
tras la eterna quimera
golpe y golpe a la piedra jornada tras jornada
pisoteando palabras el aire enrarecido
polvo sobre la frente
sudor lucha trabajo / el poeta es
como el viejo minero
que acostumbra morirse
abrazado a su mula a su pico a su pala.

   Armas llevar

Un arma sólo sirve para
matar /
si quiere ser honesta
un arma
debe ser ligera y acerada
porque
matar es siempre una desgracia

por eso un arma
si quiere ser honesta
no puede tener angelitos dorados
en el cargador
cachas de nácar
o dibujos festivos de ninguna índole
seca
austera
de pocas palabras
un arma
si quiere ser honesta
carecerá de toda fioritura:

matar no es una fiesta


   Otra ausencia

                                   Y si la felicidad no es esto de vivir contigo
                                                   dentro detigo, yo te prefiero a la felicidad.

                                                           Jorge Enrique Adoum


Como el barco que se ha ido separando del muelle
mientras caen los cables acerados y alaridan los marineros
-la nave rola, cabecea, toma su rumbo hacia nuevos destinos-
agrandando el hueco entre muelle y barco, barco y muelle;
el hueco
no solamente significa que se agrandó la distancia
que el agua está metida entre el barco y el muelle;
quiere decir que atrás quedó, en el hueco,
tu piel
entre otras cosas.
Quiere decir que como el barco que se ha ido separando del muelle
me separo de tu pelo en la almohada
de tu espalda
de tu mano en la mía
mientras la nave rola, cabecea,
toma su rumbo hacia nuevos destinos
crea el camino por donde yo en las noches
retrocedo para encontrarte
caminando sobre las aguas
para encontrarte
atravesando sombrías superficies y esqueletos piratas.
Por eso algunas noches sentirás como un viento
algo así como alas de gaviotas jugueteando en tus pechos
como voces lejanas, como música, llamándote, rodeándote.

Soy yo
que me separo del lugar en que estoy y no estás
soy yo
que me separo de mi cama vacía
soy yo
que me separo de este extraño no hallarte
como esa vez el barco se alejaba del muelle
            dejándote
                           y dejándome.

Fuente:

- Libro LAS HOJAS. Compilación de Testimonios, notas, poemas, cuentos, crónicas varias, de escritores de la década del 60 y 70 que publicaron en la Editorial Papeles de Buenos Aires, Ediciones La Pluma y La Palabra dirigida por el poeta Roberto Santoro y escritores que han publicado en la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento dirigida por la escritora Mónica Algarbe y el poeta Luis Vilchez. Año 2010. Colección: Libros de la calle.

- Libro Número 21: Retratos. Patiño, Carlos. 

- Libro esquinas silenciosas, Cuba, 1999. Premio Casa de las Américas


6 de septiembre de 2015

Luis Vilchez - Mabel “La Negra” Redona, poesía y alegría - Poesía Periodística (Parte 21)

Amiga ( Poema dedicado a Mabel Redona)


¿Cuánto tiempo nos dedicas?
Es evidente: la alfombra de tu casa
cuesta tanto como cinco mil consultas.

Probablemente dirás que eres inocente.
La mancha de humedad en la pared de nuestra casa
dice lo mismo.

Bertolt Brecht

Amiga
yo no tengo remedios para sanar tus nanas
el sol nace en la mañana y nos calienta el alma

yo te hurgo los ojos para ver si aún lloras
y tus lágrimas caen como agua de vertiente
en mis manos mojadas con tu llanto de lluvia

amiga
me llevo el recuerdo de tus luchas
y pienso: ¡hay que recordar que la esperanza es nuestra!
¡que nunca la perdimos!
¿o sí? yo digo que no

amiga
yo creo que debemos renacernos la ternura
porque nos quieren tristes para vernos hambrientos
nos quieren solos para que no tengamos sed

¡y es cierto carajo!: ¡nadie tiene un mísero centavo!

pero a nosotros mi amor
nos sobran tantas ideas de lucha y dignidad
que te juro querida no podrán con nosotros - yo sé que no podrán

¡ya sé que no hay trabajo - ya lo sé!

y que no hay doctores que nos curen la moral y la deshonra
de ver que nadie tiene para comer mañana mismo un pedazo de pan
a pesar del esfuerzo del trabajo diario

pero amiga – tú siempre me preguntas
ahora pregunto yo:
¿cómo se calienta la barriga?
¿cómo se cura el dolor de la deshonra?
¿cómo te condeno a sobrevivir con mi optimismo?
si no hay - pichonamía - no hay

ya sé - no llores el dolor de los náufragos que aún no naufragaron
mipalomita: ¡veámonos! ¡marchemos con el pueblo a la victoria!
¡camíname un poquito el optimismo!

que hoy nos tomaremos un helado para endulzar la vida
y esta vez, será un bombón de chocolate

Poema extraído del libro “Esperándola”, Colección Libros de la Calle, año 2010, Luis Vilchez

Convido esta ves la poesía de Mabel “La Negra” Redona, una compañera, porque compañero es quien se hace compañía, quien te acompaña hasta un fin. Y ella es de esas. Siempre dispuesta a gozar cada minuto como si fuera el último. Con ganas de decir y de narrar sus historias o las de otros escritores. Mabel entro al corazón de quienes nacemos la revista El Viento como si fuera un huracán, cual torbellino del poema gozador de amares.  Si vas por la calle y encontrás en el camino una sonrisa a flor de piel que te dice: ¿Cómo va compadre? Seguro  es  la Negrita, que en forma de susurro, nace un verso.

Obra de Mabel Redona

Esto es changüi, una propina, una yapa.
Esta es la oportunidad de ser feliz una vez más, de amar y hacer lo que se tenga que hacer. Y hacer lo que no se debe hacer, también.
Pero es un changüi, vida, y así te tomo. Y no te voy a largar así nomás. Primero te disfrutaré tramo a tramo. Primero saboreo el placer de tenerte en mi, sin dolores, sin verdades absolutas, porque esta yapa también me enseñó la inevitable verdad de la caducidad de las cosas, y los amores, y los olores y colores.
Qué lindo cuando iba a lo de don Mustafá, en mi Bagual querido, calle de médano y tamariscos, y al comprarle las galletitas con confites, venía la yapa, el changüi, la caricia, el mimo.
Y allá iba la negrita Redona, y allá va todavía, con el changúi en la mano, y el mejor confite, sabroso, en la boca.
…………………………

Que cosa entender, recién ahora que nada, nada, es absoluto.
Ando medio lerda, en la vida…

…………………………….

Crónica de un viernes de zonda

 

Ni siquiera se arrimó al mostrador. Tampoco nos miró por un buen rato. Estaba demasiado ocupado haciendo algo con unos papeles que se amontonaban sobre su escritorio como torres inacabables.
Nosotros permanecíamos solos, tan solos entre tanto papel importante. Y esperando, inseguros.
Ya sabíamos el final, pero aun así esperábamos, quietos, el final.
Solamente levanto la vista de sus papeles, haciendo un gran y fastidioso esfuerzo. Entonces miró. No a nosotros, sino entre medio de nosotros. Como a la nada de nosotros que dejaba un espacio por donde mirar.
Tenia unos ojos chiquitos y verdes. Unos rulitos de nene mimado por su mamá hasta el extremo de crucificarlo para siempre entre papeles protectores.
Miro y hablando al espacio dejado por nosotros dijo, levantando un papel al que no llegábamos a distinguir, mostrador de por medio y tres metros ocupado por sillas y su escritorio.
-Vino el ministro de hacienda y acaba de anular el pago.
Siempre pensé que llamar ministro de hacienda a quien maneja los dineros públicos, era una obscenidad absurda y desprolija. Esta vez lo estaba comprobando.
Era viernes y ya las tres de la tarde. Todos queríamos volver a casa y regar las plantas porque zondeaba el viento norte y nos ahogaba de veras.
Pero nosotros, los invisibles, hacía meses que estábamos tras los pasajes que trajera a los pagos al amigo escritor, el que tanto queríamos escuchar, el que era amigo de tantos amigos, el que no se había cayado cuando tantos…
Y ahora, mientras el viernes empezaba a derretirse por las cortinas inmundas, también se nos escurría la posibilidad de traerlo.
Porque no teníamos la plata para hacerlo, porque habíamos confiado en que una institución con ojitos claros y rulitos incapaces fuera capaz de darnos, tirarnos un centro, ayudarnos, entregarnos, regalarnos, ofrecernos.
Pero no.
Y el señor de los papeles blandió en el aire unas hojas cruzadas con un NO en birome azul. Y qué íbamos a hacer nosotros dos con ese vacío creado por los ojos que no nos miraban.
Creo que intentamos algún argumento sabiéndolo absolutamente inútil. La burocracia es una férrea protectora del poder, pero más aun, es una torturadora de la gente común, a la que enreda con promesas que se pierden por pasillos casi siempre alterados por el movimiento de cortinas inmundas.

Cuando salimos al pasillo, alcancé a sentir la mano del amigo diciéndome, vamos negra!, pero me quebré como siempre, flojera de corazón, y antes de empezar a bajar la escalera de hierro, solté unos lagrimones que espantaron a la señora que limpiaba el pasillo, y el escritorio de rulitos saltones y de la inexistente asesora que cierto, estaba al costado de rulitos, rubio oxigenado sobre nácar rojo en las uñas en punta. Despalabrada y miradora, nomás.

Bajamos las escaleras y pasamos por el patio interior, íbamos derecho a hablar con la secretaria del que tiene el chpetín por el palito. Había en el patio un run run de chicas tan jóvenes que daban miedo y envidia. Entre ellas no había vacíos hormonales, sintácticos, ni vacíos de ningún tipo. Solamente había risas. Bonitas risas. Esperanzadas risas de casi adolescentes risas.
Una de ellas me abrazo y me dijo, negra, qué haces?, y yo la abracé porque la quiero y le dije, nada, acá estoy redescubriendo la perversidad institucional. Se rió pero como para hacer algo y me abrazó de nuevo. Dale negra, ya va a pasar. Y me amigo que me dice, vamos.
Pero subimos, obstinados y cabezones, a buscar lo prometido, a pelear, a discutir, a pedir y renegar, aprometer que nunca más creeríamos  en lo que ya sabíamos que no era creíble.
A pesar de todo nos abrieron las puertas, después de un tiemble, algunas alarmas y teléfonos sonando, nos abrieron.
Y a nosotros, que nada sabemos de la burocracia solamente que es mala y perversa, nos tranquilizaron de verdad y nos solucionaron la llegada del amigo.
Con datos, con certeza de lunes a la mañana, con papelitos que tienen  números de expedientes largos como la noche más larga.
Y firmas. Muchas firmas.
Y nos fuimos del lugar, no sin antes espantar a la señorita que cuida la entrada de la entrada de la entrada porque quisimos, pobres ingenuos, pasar por el molinete custodiado por experta señorita que, blandiendo tarjeta en mano me miró como diciendo: señora, si será ignorante y negra.
Y yo la miré y le dije sí a todo.
Si, soy ignorante y negra.
Y también de una generación casi perdida que no entraba a las casas con tarjeta, aunque las puertas de ellos hubieran sido derribadas a patadas.
Si, somos ignorantes. Y creemos también que escritores y poetas.
Y somos también ingenuos, y pelotudos en grado sumo. La pelotudez elevada a la enésima potencia astral y desarrollada como para volar en cohetes a alturas siderales. Todo junto, todo eso somos.

Pero el aire que respiramos cuando salimos.
El viento zonda que nos dio en la cara
El cambio de vereda por la de más sombra, mientras hacíamos planes para la reunión de la tarde, rogando que los sachet de leche que mi amigo había comprado antes de las tres horas de plantón no se hubieran echado a perder a pesar de las malas ondas de rulitos ensortijados y el mismísimo ministro de hacienda.
Esa libertad, ese regocijo inapropiado nadie nos lo quitó.
Ni aun la espera del cole, ni el chofer cabeceando una breve siesta en la terminal, ni cuando nos separamos, él esperando llegar a su amor, yo a descansar la vida después de tanto ajetreo.
Y todos prometiéndonos que la próxima no nos vamos a equivocar. Lo vamos a hacer mejor. Seguro que si.

A pesar de las lágrimas y las cortinas mugrientas.
A pesar de las promesas cumplidas tras el ruego
A pesar de los pedidos de perdón.
Creemos, porque es nuestro destino. Creer para seguir adelante. Como un legado, como una vieja y siempre presente alegría.    

A tú oído

A tú oído
yo
susurraría palabras obscenas
dulces, suaves
Para que tus labios se curven
En una sonrisa cómplice.

A tu cuello
yo
Llenaría de besos
húmedos, cálidos
Para que tu piel
se erice de placer

A tu espalda
Yo
la recorrería de cabo a rabo
con una caricia de
mi mano
caliente
expectante
deseosa.
Para que finalmente
en el colmo del deseo
me cubras
para siempre.

Mayo, junio 09

Amor después de la muerte

El rayo fue fulminante, lo partió en dos, y lo que menos que se puede decir es que Furibundo Valle quedó seco.
No señor. Quedó todo mojado. En su propia sangre empapado y pegajoso para siempre jamás.
El hacha, a un costado de su dividido cuerpo y sostenida por esa mano fuerte como pocas, a duras penas pudo serle arrancada. Ella fue parte de ese cuerpo durante su vida de hachero y parecía querer seguir siéndolo ahora, en este tiempo desolado.

Tan feliz fue Furibundo el día que se la regalaron, que hasta nombre le puso. Serena Luna la llamó.
La noche de su séptimo cumpleaños, tapado con  las colchas marrones hasta la barbilla y mientras miraba la helada noche de julio por el agujero del rancho que hacía de ventana, descubrió la redondez de la luna como telón de fondo y sintió que ella alumbraba sólo para él.  
En su honor y en recuerdo de ese mágico momento, la llamó Serena Luna.

Nunca la consideró una herramienta de trabajo, nunca verdugo de esos orgullosos árboles que terminaban inclinados ante su voraz golpe.
Nunca la tradujo.
Para Furibundo Valle, Serena Luna fue el mejor regalo que le dio la vida, nunca el patrón que lo esclavizó. Y con ella vivió una historia de amor, de trabajo embrutecedor y embrutecido, que recordaría aún después de su muerte.
Por ahí está la magia, la continuidad de los bosques partidos, los ríos con troncos, los pájaros sin ramas.
Cuentan sus compañeros de jornal que luego de enterrarlo, dividido, dejaron suavemente depositada sobre el montón de tierra a Serena Luna, como identificación inequívoca del lugar de su reposo final. Y ellos cuentan, dicen y juran a quién quiere oírlo, que aún hoy la sangre brota desde el interior de la tierra marrón. Y dicen también que ella, Serena Luna, como una novia fiel, bebe de cada gota hasta saciarse.
Yo todavía no fui a verlo. Pero lo creo todo.  

Llegó la muerte y tenía tu rostro

Si la muerte llega
como dicen en el barrio que ha llegado
quiere decir que alguno la espera
o la busca
o la piensa
o le teme

Quiere decir que
en algún momento de triste desesperación
cuando esas lágrimas ni siquiera corren,
cuando esos hombros ya no se sacuden...
Fue deseada profundamente
Como un amor,
como alguna soledad.
Como otras alegrías siempre cortas.

Si la muerte llega
y además tiene el relieve de tu cara,
la sombra de tu cuerpo
recortado al final de estos álamos recién brotados,
quiere decir inequívocamente
que yo me expuse a ella y la busqué
por estas calles tan desiertas de pasiones y vacías
de esperanzas concretas


Si la muerte llega
como siento que se acerca ahorita mismo
a cerrarme los ojos,
quitarme el aliento,
secarme la piel, crecerme el pelo, las uñas,
y dejarme tan inmóvil
Es porque no te supe buscar a vos
Y la encontré sólo a ella.
Siempre existente.